20/06/2022

CUIDADO CON LAS PALABRAS


 

 

 

 

 

 

 

 

Por LEO MASLÍAH

            Salí a dar una vuelta y me metí en una especie de….no sé como llamarlo. No era un bar, ni tampoco era un pub, ni una cervecería, un café tampoco era, no sé como llamarlo….una taberna quizás. Y bueno, y acercándome no al mostrador sino a la barra, no pedí un escocés sino un whisky y no lo pedí en las rocas sino con hielo. Y me acuerdo que sin acercárseme una muchacha, o mejor dicho una mujer, redujo la distancia que la separaba de mí y no en la oreja sino al oído, me dijo, o mejor dicho me susurró “No estoy en venta, pero a cambio de cierta cantidad, no de oro sino de su equivalente en dinero, podrías obtener buen servicio no de mí, pero sí de mi cuerpo. No te pido que contestes pero quisiera tener de tu parte una respuesta.” “Pues no la vas a tener pero te voy a responder igual. Ya sé que no me costaría nada, pero ¿cuanto tendría que pagarte?” dije, no en modo de ostentación sino para satisfacer, no su inquietud sino su demanda. “No en esta situación, ni en estas circunstancias particulares. Pero en el presente caso -dijo- no me tendrías que pagar nada, aunque por supuesto, no sería gratis.” Mi réplica no fue la siguiente pero aún así dije “No me interesa entonces. Sin embargo acepto. No con mucho gusto pero sí de muy buen grado.” “No puedo decir que esté contenta, aunque me sienta feliz” dijo ella, no agarrándome de un brazo sino del otro. Y sin dar un sólo paso ni andar a pié, no nos fuimos, pero nos dirigimos caminando hasta dar, no con un hotel, ni un motel ni una posada, sino con una pensión a la que por supuesto nunca llegamos. Sin entrar, franqueamos sin embargo la puerta, y el encargado sin dirigirnos la palabra nos dijo “No tengo nada que lamentar pero… lo siento. No hay habitaciones disponibles. Pero puedo darles un cuarto.” “No nos diga donde está, pero indíquenos como llegar a él.” le pidió, no mi acompañante sino la mujer que estaba, no conmigo sino a mi lado. El tipo no nos dio ninguna indicación pero nos mostró, no donde estaba el cuarto sino en qué lugar. Y nosotros no nos quedamos pero permanecimos ahí, no toda la noche aunque sí hasta la mañana siguiente, no haciendo el amor sino…bueno, practicando el acto sexual.

 

Cuento extraído de “La buena noticia y otros cuentos”. Ediciones de la Flor, 1996.

  

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