28/11/2022

POR UNA BATALLA DE LA MEMORIA


 

 

 

 

 

 

 

 

Por PIMENTÓN ROJO

           Las revueltas populares que se abrieron en América Latina producto de los procesos de movilización cruzados con la profunda precarización cotidiana de la vida, constituyó un cúmulo de experiencias que volvieron a develar nuestros miedos y sueños colectivos suspendidos. 

Fuera de toda perspectiva revolucionaria demostraron sus limitaciones para caer en el sin fin del nihilismo bohemio. Desde esa suspensión de lo que quedó truncado nos levantamos para preguntarnos en torno a nuestro pasado reciente, pero desde la memoria que se distancia de la contemplación o de la reflexión reiterada del “Nunca Más”, concibiendo la historia como un campo de disputa, que significa la construcción revolucionaria desde el presente.

Nuestra crítica se levanta por las políticas que movilizaron en contra del eufemismo de la reconciliación y el diálogo, construyendo una verdad instrumental al nuevo orden económico que conlleva la amplificación de nuestra derrota histórica propiciada con anterioridad por el Golpe Cívico – Militar. 
Una de las primeras características que constituyó el proceso democrático fue la construcción de una verdad instrumental a la idea de reconciliación, es decir, una verdad totalizante donde convergen diversas opiniones. Bajo este objetivo existe una relativización de lo sucedido adquiriendo primacía la reconstrucción de un pacto social, que condena al olvido lo que es considerado como elemento de división, es decir, el ascenso de la lucha de clases.

Existe una imposibilidad de reconciliación cuando reconocemos la lucha de clases como elemento constitutivo del modo de producción capitalista, conflicto y contradicción permanente que devela y expone intereses antagónicos.

Los partidos poli-clasistas y patronales movilizan la derrota y buscan sepultar la posibilidad histórica de la revolución, no solo invitando a un acuerdo y olvidar los elementos que nos dividieron, sino despolitizando y reduciéndonos al lugar de víctimas. Desde esta intencionalidad se ignora la existencia de proyectos políticos, militancias políticas múltiples y construcciones sociales en movimiento.

Desde las brumas del tiempo escribía Rodolfo Walsh: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes, no tengan mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia y la memoria aparecen así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo…”

La formación social de la Argentina , destaca una práctica de violencia ejercida desde el Estado, implementando innecesariamente políticas de encierro , castigo, masacres y exterminios en contra de sus enemigos internos; el proletariado alzado, anarquistas, trotskistas, comunistas, subversivos, terroristas , mapuches, homosexuales , delincuentes comunes, etc.  Y se caracteriza  por una obediencia a una racionalidad y a una lógica  donde el punto culminante ha sido la destrucción y exterminio de una categoría social de militantes.

Este objetivo se completó haciendo invisible o condenando dichas expresiones de politización, comprendiéndolas como meros excesos  o errores o simplemente estatizando que dicho accionar formaba parte de un pasado.

Nuestra democracia liberal se narra a sí misma como una experiencia que triunfa por la gesta, marginando los fuertes cuestionamientos al proceso de acumulación del capital, materializados en protestas, acciones populares de solidaridad, la resistencia como factor de encuentro y agrupamiento; es decir, innumerables acciones de protagonismo popular que intencionadamente se buscaron disciplinar o cooptar para garantizar la gobernabilidad.

Desde diferentes propuestas asumimos la construcción de una memoria combativa que abra el diálogo entre le pasado y presente a la luz de las innumerables contradicciones que se van detonando. La memoria desde la batalla puede constituirse en un pilar para abrir la dimensión estratégica en cuanto ausencia y posibilidad, en cuanto comprensión de las posibilidades históricas suspendidas en las derrotas temporales que hemos vivido.

Esta comprensión no se sitúa  en una lógica lineal que da por cerradas etapas históricas.

 No creemos  que la memoria deba contemplar el pasado, haciendo una descripción de lo sucedido, sin interacción, sin movimiento con el presente.

Desde este lugar problematizamos el olvido asumido como instrumento político, como forma encubierta de política pública  para legitimar la tiranía del capital.

Memoria y lucha están absolutamente conectadas, porque nos permiten dar cuenta de nuestras añoranzas, deseos materializados en experiencias concretas que se niegan a sucumbir ante la periodización rígida. Por eso, no comulgamos con la tan amplificada y masificada síntesis del “Nunca Más”, ya que evidencia un reduccionismo al pasado, una simplificación que clausura la lucha desde nuestro presente.

En otras palabras, el pasado es sólo – y esto es lo trágico – pensado como rentabilidad. Es rentable en términos de futuro, por lo tanto, el lugar de la víctima del pasado es representada en la lógica de costo y beneficio. Walter Benjamin arremete contra esta lógica, que supone por ejemplo el discurso que dice: “aprender del pasado, para que no se repitan los mismos errores en el futuro”.

Esto es rentabilidad completa, lo único que importa del pasado, es que impida que no vuelva a suceder lo que sucedió.

Nos debemos socialmente reescribir la historia desde un tiempo histórico profundamente politizado, de militantes conectados con la reconstrucción de la dignidad de sus lugares comunes. Reafirmar en nuestra profunda terquedad una memoria combativa, en un ejercicio planteado desde el contrasentido, interpelando y contestando a quienes nos quieren invitar a la indefinición, a quienes nos proponen arrepentirnos, a quienes nos quieren convidar a la reflexión para sostener el diagrama funcional de una memoria congelada.

  

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