06/09/2020

LA MUJER ES UN HECHO CIENTIFICO


 

 

 

 

 

 

 

 

Por LOURDES TORRES

 A raíz de las recientes declaraciones de la autora de Harry Potter, el movimiento Terf volvió a destilar sus teorías ancladas en el siglo XIX que delimitan lo femenino y, por ende, la lucha feminista, a un hecho exclusivamente biológico. Lourdes Torres nos trae una reseña de los caminos que el odio puede tomar.

 

“Una zona grande para que todos vivan allí, que tengan sus leyes,

su periodismo, su televisión,

hasta su Constitución,

que vivan como en una especie de país aparte, con mucha libertad…”                                             

Cardenal Antonio Quarracino, sobre la comunidad homosexual argentina de los ’80.


        JK Rowling nos vendió un mundo fantástico. Bien por ella. También nos vendió que era pobre y escribía en los bares cuando estaba sin un penique. Ahora es millonaria y el 6 de Junio, en pleno embole por aislamiento, le pintó comentar un tuit(1) desde su precioso Iphone dorado, dando a entender, en un avispadísimo juego de palabras en inglés, que mujeres son sólo las que tienen útero y menstrúan (¿?) ganando así la atención del siempre-ocupado-en-mejores-asuntos movimiento transfeminista, que se ve obligado a cumplir en informarle su repudio, arrastrando las chancletas de puro hartazgo.

JK no era nueva en materia de odiar. Anteriormente había declarado que decidió retirar su apoyo (gran pérdida, eh) a las personas trans, luego de querer hacer pasar por “discriminación sexista” el pertinente apartamiento del cargo político de Maya Forstater, una mujer cis investigadora y miembro del Centro Para el Desarrollo Global que, al igual que JK, se mostró públicamente transodiante en redes sociales (2).

Si pudiéramos preguntarles a JK y a Maya, seguro nos dirían que no odian a nadie. Sólo pretenden separar, con el tapiz infernal de sus mejores intenciones, dos terrenos que a su parecer están incómodamente mezclados: los cuerpos de las mujeres y los cuerpos de todes les demás, siempre y cuando no sean hombres cis, claro, con esos sí que les cabe juntarse. Nos imponen, cual mansplaining, la respuesta a una pregunta que nadie hizo, un criterio de ordenamiento totalmente innecesario, inconveniente y peligroso en términos políticos. Pero no olvidemos que JK no necesita organizarse políticamente, ¡es millonaria! y seguramente integra algún cerrado mundillo intelectual. Apenas con declararse “radical” en algo, le alcanza. Lo que parece desconocer es que cualquier lucha que se precie de legítima no requiere en absoluto de categorizaciones que dividan a sus individualidades por razones que les son inevitables, como el haber nacido así o asá. Eso ya se ha visto y terminó mal, muy mal.

Diana Sacayán y Lohana Berkins seguramente perderían apenas un ratito, allá en los fondos floridos de La Matanza, para reírse juntas de todo este berrinche de la Rowling porque, claramente, tenían cosas mucho más importantes que hacer: La población travesti-trans argentina tiene un promedio de vida de 35 años, menor o nulo acceso a la educación, salud, vivienda digna y a condiciones laborales estables y reguladas que el resto de les habitantes (menos aún que las mujeres con útero y tampón, qué loco, ¿no?). ¿Valdrá la pena su lucha? Se dice que son pocas las travas respecto a las “mujeres de verdad”. En realidad, no lo sabemos a ciencia cierta, ya que la histórica carencia de estadísticas oficiales al respecto continúa invisibilizándolas. Tanto Lohana como Diana engrosaron la estadística pagando con su vida.

¿Qué queda, además, para la población hermafrodita e intersex que, por tecnicismos y manipulaciones deliberadas de la información por parte de un sistema médico patologizante, tampoco cuenta con números claros en los relevamientos, además de sufrir horrorosas operaciones a los pocos días de haber nacido, estigmatización desde la infancia y el hecho de tener que pasar por años de terapia para reconstruir un deseo que se les intentó asignar desde el más impune e injustificado rechazo a su aparente deformidad? ¿Tampoco tendrán membresía en ese extraño “feminismo de las mujeres” con úteros, vaginas, senos y menstruaciones? Gracias a ese gameto que no se quita, el cromosoma Y parece ser capaz de definir no sólo el sexo biológico, sino además la conducta de una persona más allá de su contexto y elecciones. El destino está escrito: parece no haber escapatoria para JK, ni para nadie.

Intuyo, además, que la compañera Esmeralda Mitre mandaría a JK un poquito a leer a Simón de Buvuá. Yo también debería ir, tal vez. Sin embargo, estoy acá tomándome el trabajo de darle entidad a esta mamarrachada pseudoanarco intelectualoide que es el movimiento TERF, aunque…mucho no se mueve ese movimiento, ¿no? Son más bien de negar su pertenencia y la identificación con la sigla, que en sí misma, no representa insulto alguno, además de aferrarse como mona a la banana a unas cuantas ideas arcaicas al límite del abismo oscurantista. Sólo se dejan llamar mujeres feministas, algo peligroso si entendemos que mujeres, y encima feministas, hay un montón, con la diferencia de que la enorme mayoría de esas mujeres no quieren estar en la misma bolsa purulenta que estas señoras TERF.

Volviendo a lo que importa: ¿Por qué será entonces que lo trans incomoda tanto a JK? Un cuerpo autosometido a modificaciones y, por qué no, ablaciones en pos de alcanzar una determinada estética y/o funcionalidad también es una identidad, una nueva, ahora confortable; pero éste hecho es malinterpretado adrede, en cambio, como un (inconfesablemente atroz) despojo del cuerpo biológica y “naturalmente” masculino, para ser horrorosamente embutido con componentes artificiales que lo asemejen a lo biológicamente femenino. Tal vez, lo que la incomoda y atemoriza en realidad sea tener que enfrentarse a la profanación de su idea patriarcal del cuerpo masculino, ver su sacralidad intrínseca extirpada por poco o mucho dinero en un quirófano, o alterada químicamente sólo en pos de lo negado: el derecho a ejercer un deseo diferente, elegido, por tanto, propio y auténtico.

JK y unas cuantas trasnochadas más nos quieren convencer de que con el sólo hecho de nacer ya somos alguien determinade y que ese alguien, además, es inmutable. El privilegio cis parece adquirirse desde el vientre, así como tantos otros dudosos honores para pocos que hemos tenido que sufrir y combatir a lo largo de la historia. El deseo es, entonces, maniatado, negado y reducido a un mero capricho estético para quienes no tuvieron la fortuna de recibir los genitales y caracteres sexuales que quisieran. ¡Ser mujer es un hecho científico! La misma ciencia médica que nos categoriza como tales, cobra fortunas por operar cuerpos cis y volverlos trans, y les castiga luego negándoles atención médica y hasta dejándoles morir por su nueva condición. Si, la loable ciencia aquella que consideraba a la homosexualidad como una enfermedad hasta hace unos años.

Lo que no se nombra, no existe. El odio aprendió a tener muchos nombres. Si nos convertimos en las loritas que aletean en el palo del patriarcado, replicando el odio que nos sopla al oído, con argumentos académicos flojos de papeles y callamos las voces de las compañeras travas y trans, pioneras en la lucha, que generosa y amorosamente elevaron su grito y pusieron el cuerpo junto a nosotras en las marchas por la legalización del aborto, en contra de los femicidios y en tantas otras batallas, nos quedaremos solas con nuestros úteros con monóculo, y dejaremos solas también a las travas y trans a merced de nuestra misma injusticia, pero aún más enorme, cruel, aplastante y siempre, siempre, asesina y patriarcal.




(1) People who menstruate. I’m sure there used to be a word for those people. Someone help me out. Wumben? Wimpund? Woomud?” – J.K. Rowling

(2) “Some transgender people have cosmetic surgery. But most retain their birth genitals. Everyone’s equality and safety should be protected, but women and girls lose out on privacy, safety and fairness if males are allowed into changing rooms, dormitories, prisons, sports teams.” – Maya Forstater

 

  

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