06/09/2020

BASTA DE LOCOS Y FALSOS CUERDOS


 

 

 

 

 

 

 

 

Por DANIEL PAPALARDO

         Es complicado empezar aclarando, pero sepa el lector que esto no nace ni de un fanático de Bielsa, ni de un nostálgico del NOB lejano campeón. Solo escribimos desde la pelota maltratada en campitos de torneos Evita, colegiales o desafíos. Siempre me perdí en una cancha con dimensiones oficiales, guardando para el plano de las preferencias las canchitas de 7. Agrego a esa experiencia fáctica, existencial, el registro de toda la campaña para adquirir el título profesional de jugador de futbol de mi hijo, y luego su metamorfosis del jugador a técnico, proceso que me implicó conocer algo de eso que se parece al futbol juego pero que es su negación.

Hoy me entero que un día después de conseguir el ascenso, el Leeds de Marcelo Bielsa se coronó campeón de la Segunda División inglesa, gracias a la derrota de Brentford FC, el único con posibilidades de disputarle el título.

Es a partir de este hecho consumado que me permito una reflexión. Cuántos años carga Bielsa con el calificativo “Loco”. Cuánto tiempo teniendo que presentar y refrendar capacidades frente a una sociedad que solo sabe de imponer categorías al resto, tanto como si necesitara de la diversidad como factor de combate a ese virus maldito que tienen los presuntos “cuerdos”, que es la impugnación que de ellos mismos hacen otros que no se quedan con lo dado, que buscan otra coordinación de pensamientos, saberes y existencias. Cuánto tiempo más necesitará Bielsa para salir del “loco “y ser considerado como un estudioso en lo “suyo”. Acaso deberá morir, para que la maquinaria de transformación de todo aspecto de lo humano en mercancía, lo venda con modelo y formato de “talento perdido”, total su existencia ya no interpela a los “cuerdos”.

Ahora el tipo cuelga un “título” o una “premiación” como se dice en otras partes, y nuevamente presenta credenciales, ante quienes ya preparan posiciones acudiendo al evasivo y conservador: una nueva locura de Bielsa.

Vivimos en un país que inventa confrontaciones sociales y políticas para eludir las reales. Presenta mediáticamente como enfrentados a quienes en realidad participan de un único ser que es su funcionalidad a la reproducción capitalista por varios modos. Una sociedad que cree que existe una grieta entre los que, en las sombras o a las luces de las cámaras, se terminan exhibiendo abrazados.

Mientras tanto los trabajadores, que producen el valor del que otros se apropian, indican sin cámaras ante las cuales exhibirse, un proceso silencioso, generalizado y tristemente admitido, de explotación constante y ascendente, de plusvalía relativa y absoluta transformada en capital, en el que incluso se les va la vida por múltiples riesgos que se combinan con marcos culturales de opresión.

Ese escenario de sociedad decadente por pérdida de todo sentido de lo que puede perfilarse como lo humano, diverso de lo puramente animal o sensitivo, es ante el que hoy, como aparente nota de ilustración en los medios y la mercancía deportiva, Bielsa exhibe su nueva credencial, en gran parte para confirmar conceptos futbolísticos en el área específica de su trabajo, pero en mayor medida para impugnar esa dialéctica del loco y los cuerdos, con la cual se oculta trabajo, trabajo y más trabajo, obreros deportivos en un compromiso productivo (jugadores, profes, utileros, señora que prepara comida, chofer de bondis de traslado, nutricionistas, psicólogos deportivos, etc.) y su antítesis, los mediocres alienados operadores del sentido común, incapaces de aportar nada para superar las carencias, en tanto simple reproductores de las causas que las generan .

Se dirá que son trabajadores “bien pagos”, que no pueden ser considerados como tales. La respuesta, ahí tienen actividad humana puesta en pos de un objetivo productivo desafiando incluso a los contagios posibles. De eso se trata, y por eso humildes felicitaciones por el premio. Se trata de coordinar esfuerzos entre productores para ganar otro torneo, aquel en que todos podamos festejar de una vez y para siempre, el de la abolición del capital, el gobierno de los trabajadores y la democracia obrera.

Es hora de terminar con locos y cuerdos, con trabajadores y patrones. Con explotadores y explotados, opresores y oprimidos. Hora de transformaciones necesarias para que todos no necesitemos premios sino una nueva sociedad con hombres generados en el estímulo de superación social y personal, vencedores de la ley del valor y los estímulos materiales. Lo contrario es habitar, acaso sin llegar a saberlo de modo consciente, en el gobierno de los Niembros, los pollos, los buenos momentos, serviles y operadores del negocio futbolero y sus pares de la política burguesa.

  

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