04/04/2020

UN PICADO – ALMA, CORAZÓN Y URSO


 

 

 

 

 

 

 

 

Por EDGARDO IMAS

                En Saladillo, el club Jacobo Urso es de los pocos que en la Argentina lleva el nombre de un jugador.

Nadie podría imaginar el fútbol sin su principal protagonista, el jugador. No obstante, apenas un puñado de clubes lleva nombres de futbolistas. Curiosamente, todos recuerdan a figuras cuyas trayectorias se desarrollaron casi por completo en la era amateur. En La Rioja y Catamarca, dos clubes se llaman Américo Tesorieri, en homenaje al notable arquero de Boca. En Posadas, el club Jorge Gibson Brown recuerda a este patriarca que brilló en Alumni y la Selección. Y fundado después y más conocido porque alcanzó a jugar los Nacionales de 1982 y 1983, está Renato Cesarini, de Rosario. Y ya en Saladillo, en plena Pampa Húmeda bonaerense, el club Jacobo Urso rescata en su nombre una historia con matices épicos de entrega por los colores que terminó trágicamente.

Jacobo Urso nació en Dolores, hijo de un inmigrante italiano que tuvo doce hijos. Radicado en Caballito, comenzó a jugar en San Lorenzo como half izquierdo. Debutó en Primera el día que se inauguró el Gasómetro de Avenida La Plata: 7 de mayo de 1916. Según Carlos Carullo del Museo San Lorenzo —que también lleva el nombre del jugador—, jugó 107 partidos y convirtió 6 goles.

La carrera de Urso se tronchó el fatídico domingo 30 de julio de 1922, cuando tenía 23 años. Esa tarde,  Estudiantes de Buenos Aires recibía a San Lorenzo por el maratónico campeonato organizado por la Asociación Amateurs, una de las dos entidades que regían el fútbol. El partido terminó con el triunfo azulgrana 1 a 0, en la cancha de un Pincha que todavía estaba muy lejos  de ser de Caseros (intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Dorrego).

En un choque con Juan van Kamenade, defensor de Estudiantes, Jacobo Urso recibió un fuerte golpe que le fracturó una costilla. Fue retirado de la cancha, pero se repuso y resolvió continuar jugando para no dejar al equipo en inferioridad numérica (los cambios de futbolistas de campo se autorizaron en 1968), sin medir las consecuencias para la salud. La costilla rota lesionó el riñón. Luego del partido, los dolores se agudizaron y fue trasladado al Hospital Ramos Mejía, donde lo operaron dos veces. Una semana después, el 6 de agosto de 1922, murió.

La Asociación Amateurs le otorgó a la madre un subsidio de 1.000 pesos, y el 12 de agosto se disputó un partido a beneficio de la familia Urso, a cancha llena, en el Viejo Gasómetro. A pesar de que las dos asociaciones sostenían por entonces posiciones irreconciliables, autorizaron a que jugadores de sus clubes afiliados formaran para la ocasión dos equipos, que igualaron 3 a 3.

Los medios reflejaron la congoja popular por la muerte de Jacobo Urso. El diario La Prensa informaba que “al acto del sepelio concurrió un crecido número de amigos y deportistas. Los jugadores del primer equipo de San Lorenzo condujeron a pulso el ataúd hasta la cancha de juego y lo pasearon alrededor de la misma, dando así un sentido adiós al buen amigo y correcto deportista”.

¿ Y el Club? Tres meses después, en Saladillo, el 8 de noviembre de 1922, un grupo de socios del Huracán local decidió escindirse de esa institución y fundar otra, a la que denominaron Club Atlético Jacobo Urso. Hoy con cierta filosofía tanguera, Roberto Goyeneche, presidente del club, reflexiona: “Supongo que Urso fue tomado como una especie de héroe. No sé si ya en aquella época creíamos que los aportes individuales heroicos podían salvar lo colectivo, o simplemente había cuestiones relacionadas al honor que no conozco”.

Los colores de Urso (azul y amarillo) desorientan. Era razonable esperar la combinación azul y rojo, pero Goyeneche explica que “los primeros colores fueron el negro y el amarillo a rayas verticales, como Olimpo de Bahía Blanca. En su principio se gestionó ante la Comisión de San Lorenzo la donación de camisetas usadas, pero el aporte nunca llegó.  En 1935 alguien vinculado con Boca Juniors consiguió la donación de indumentaria, y desde entonces se utilizan los colores xeneizes”.

“En los 80 —cuenta Goyeneche—  se contactó un pariente de Urso, pero luego la relación se perdió”. En cambio saca pecho con el recuerdo del empate 3 a 3 en el amistoso que Jacobo Urso jugó con la primera de San Lorenzo en la década del ’50.

El club participa en todas las divisiones de la Liga local. Salió campeón en 1992. Su otro orgullo es la pelota paleta y señales de solidaridad que Goyeneche relata: “Prestamos nuestras instalaciones para que los de el Club Ciudad de Saladillo jueguen al básquet y construimos el campo de deportes, asociados con el Club Carlos Calvo de La Barrancosa, una experiencia inédita en Saladillo”.

Este es un breve aporte enciclopédico de esta revista para acercar un recuerdo a nuestros hinchas de los clubes humildes. Historias de pueblo, un picado, historias grandes.

  

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