04/11/2021

EL ESTADO SUICIDA


 

 

 

 

 

 

 

 

Por POL PLIEGUES

            Victoria de 75 años cierra silenciosamente la puerta de su casa de la calle Nazarre, camina unos metros y cruza la calle San Nicolás hacia Emilio Lamarca, allí dobla a su izquierda y camina cinco cuadras hasta la Avenida Beiró, hace unos metros y se sienta en las escalinatas de la sede Devoto del Pami, se coloca sus lentes de ver de cerca para sacar de su bolso una jeringa ya preparada con barbitúricos, le coloca la aguja cuidadosamente, presiona la jeringa y deja salir unas gotas, se inyecta el contenido y prepara una bolsa roja que se coloca en la cabeza mientras desenrolla la cinta de embalar que colocará en su cuello sellando con esto la entrada de aire a su boca, hacen efecto los medicamentos, da unas bocanadas y se ahoga, son las 4:30 de la madrugada.

A las 6:30 el portero del edificio encuentra el cadáver de Victoria en las escalinatas de la obra social de jubilados y pensionados.

Según las crónicas había dejado tres cartas, una a los familiares, otra al Juez y otra al director del Pami de ese momento.

Victoria, de profesión enfermera y ahora jubilada, había dedicado su vida a sanar enfermos y a acompañarlos en su recuperación. Una enfermera no es cualquier ser humano, es una persona que dedica su vida al otro, les limpia sus partes íntimas, los ayuda a caminar, a levantarse, a limpiar sus heridas, a lavar sus sábanas, les da afecto y el cariño necesario para que se sientan cada vez mejor y así llegar a una pronta recuperación. ¿Cuántas veces habrá entablado una relación de afecto con sus pacientes y luego los vio morir o recuperarse? ¡Qué vida!

Ya grande y con problemas de salud, Victoria vivía en una casa alquilada junto a dos compañeras más de menor edad, siempre aplicada, buena vecina y amiga. Vivía con la paupérrima jubilación que aportó al estado durante más de 40 años, no le alcanzaba para pagar el alquiler y menos para los remedios que debía tomar para tener una vida decentemente como cualquier trabajador que ha cumplido con su deber durante años. Tuvo que mendigar por primera vez en su vida, mendigar por su salud, mendigar por comer en esa época despiadada donde el neoliberalismo de los años 90 había instalado el “arreglate como puedas”, ese individualismo asqueroso y ruin que pudre las cabezas de las personas explicitado por periodistas afines al poder, que manipula y miente haciendo que el propio trabajador vote en contra de sus intereses económico-sociales, miente para sostener a una clase dominante que no desea ser solidario con el otro, esa clase que evade impuestos, roba, vive del otro y lo descarta cuando termina la vida útil cual esclavo del 1600. Victoria en su carta al titular del pami relata las penurias que sufría.

A finales de la década del 90, más precisamente en 1998 cuando ocurre este hecho, el neoliberalismo había vendido todas las empresas del Estado, abierto la economía, llevando a la ruina a cientos de miles de empresas pequeñas y medianas, y en las ex empresas del Estado (ahora privatizadas por chauchas) había reducido su personal al mínimo, creando de esta forma miles de desocupados que habían quedado en la pobreza. Victoria no era ajena a este proceso, la obra social de Pami había sido vaciada y no prestaba los servicios necesarios para sostener decentemente la vida de sus afiliados dejándolos a la buena de Dios y de vaya a saber quién.

Victoria era hija de inmigrantes griegos que huyeron de la guerra entre Turquía y Grecia a principio del siglo XX, fue una mujer culta pues su padre era profesor de literatura y filosofía y su madre era hija de un terrateniente que en su finca producía olivas y aceite como así también uvas y vino, había dedicado toda su vida al otro, pero cuando ella necesitó del Estado al cual había aportado toda su vida laboral, al Estado que la dejó de lado, ese Estado que no quería ocuparse de nada pues la ideología dominante predicaba por los medios de comunicación que las personas debían arreglárselas solas, en las buenas y en las malas, ese Estado que en esa época enriquecía a los ricos y empobrecía a los trabajadores y jubilados, ese Estado cooptado por la casta dominante de la Argentina, una oligarquía perversa que destruyó el modelo productivo y condeno a la pobreza a más de la mitad de los argentinos.

Victoria Daravigas no resistió el desaire, se desprende de esa carta que estaba indignada y sintió el abandono de parte de la sociedad a la que ella había dado su vida por lo que decidió protestar, fiel a su ideología de vida decidió poner el cuerpo de nuevo por el otro, sin hacer ningún daño a los demás. Dejó su cadáver como prueba viviente del abandono de que había sido víctima de una ideología perversa antiética e inmoral entre seres humanos ya que la sociedad se comportaba como la naturaleza misma, una sociedad regida por el comportamiento natural propio de animales en una selva, nada de esto tenía que ver esto con el Estado de bienestar solidario instaurado en los años cincuenta y que fue resultado de muchas luchas y muertes para lograr derechos sociales.

Victoria se inmola frente a la sede del Pami en protesta, expone su cuerpo sin vida ante una sociedad indiferente haciendo movilizar a todo el Estado, Jueces, fiscales, abogados, policía, moviliza al propio interventor de la Obra Social de jubilados y todo esto para mostrar el estado de desamparo en que vivían sus afiliados y una parte de la sociedad que, habiendo cumplido su deber de trabajar honestamente, hoy era considerado un descarte, un excedente social que no merecía seguir viviendo.

Se hicieron dos crónicas del echo, una en el diario Clarín en donde la culpa a ella y otra más laxa en el diario La nación que parece no encontrar el porqué del suicidio. Ninguna de las crónicas dice la verdad, son recortes de una realidad que obedece a la ideología dominante.

Muchachos, era evidente, no se fue a suicidar meticulosamente en su cuarto, fue a la sede el PAMI, eso fue un acto político, un acto de protesta social, dio la vida para mostrar que estaba sucediendo y lo hizo públicamente. El periodismo de ese entonces y de hoy mismo son órganos de difusión de la ideología de los poderosos, pero no se puede obviar la muerte. Aunque lo trataron de disimular, quedó en el inconsciente colectivo y en la memoria de quienes accedimos a su historia y la traemos en este momento para recordar que la ideología neoliberal es asesina por naturaleza, hoy y siempre.

 

  

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