01/11/2021

Edythe Eyde: El gótico como amenaza de lo real


 

 

 

 

 

 

 

 

Por  EL PIBE CALYPSO

         A principios de 1935, Edythe Eyde, de tan sólo 14 años, sabía que era diferente. No sólo porque alimentaba un placer por lo oculto “muy poco femenino” que contrariaba los modos esperables y deseables de una jovencita de la época, sino porque también era lesbiana. Sentirse atraída por personas de su mismo sexo era, acaso, otra forma de romper los mandatos que la sociedad norteamericana de su tiempo imponía incluso bajo pena de prisión.

Creció en un rancho cerca de Fremont, California, durante la Depresión. Sus padres se preguntaron por qué estaba más interesada en lo extraño y lo oculto que en asuntos más prácticos, como las tareas domésticas o la preparación para una carrera en el mundo real. Con la esperanza de canalizar las energías de su única hija hacia actividades más productivas, Oscar y Olive Eyde enviaron a Edythe al exclusivo Mills College, una escuela de mujeres en Oakland, para estudiar negocios y prepararse para el matrimonio.

Más tarde y con respecto a su estadía en aquel lugar, expresaría por carta sus inquietudes al admirado escritor y editor de ciencia ficción Forrest J. Ackerman, donde le comunicaba su decepción porque el Mills College no le ofreció un curso de demonología: “… y si tuviera que sugerir tal cosa”, agregó entonces, “me temo que las autoridades me tendrían en una camisa de fuerza antes de que usted pudiera decir ‘Cagliostro”. Ackerman, sin duda, quedó impresionado con esta estudiante de segundo año de una universidad exclusiva para mujeres que habló de manera tan elocuente sobre lo paranormal y las artes negras, y que más tarde sería colaboradora de la famosa revista de fantasía y terror Weird Tales.

A lo largo de 1946 continuó sus dos vidas, trabajando como Edythe en su trabajo cinematográfico y como Tigrina en sus búsquedas de ciencia ficción. Luego de ser despedida, tuvo la idea de producir un boletín dirigido a mujeres homosexuales como ella, llamándolo Viceversa. Más tarde diría de su revista: “La llamé Viceversa porque en esos días nuestro tipo de vida se consideraba un vicio. Era lo contrario de las vidas que se vivían, supuestamente, y que la sociedad comprendía y aprobaba. Y viceversa significa lo contrario. Pensé que era muy apropiado”. Con sólo una máquina de escribir y unas cuántas hojas en blanco, Edythe adoptó el nombre de Lisa Ben, que era un anagrama de Lesbian, aunque el nombre nunca apareció en la revista, pues era un verdadero riesgo: ese mismo año, la Comisión de Actividades Antiamericanas de la Cámara (HUAC) inició sus persecuciones no sólo de comunistas sino también de homosexuales, que “atentaban contra la identidad nacional y alentaban la perversión de la sociedad y los valores norteamericanos”. Esa purga, verdadera caza de brujas, se conoció con el nombre de El Susto de Lavanda.

Así, la brujería que trabajaba desde la ficción era un canal estético por el cual hacía circular sus gustos literarios, pero también, quizá, un medio para contrariar la normalidad establecida en la sociedad de su época: cuestionar sus gustos y deseos, era minar el denominado “buen gusto” que, se sabe, es siempre el gusto de una clase dominante en un tiempo determinado. Sus preferencias estéticas, entonces, eran también una forma política de enfrentar la realidad.

Así vemos, por ejemplo, uno de sus relatos más logrados, que el propio Forrest J. Ackerman recopiló en 1962 en el libro de relatos “Las mejores historias de horror: Último acto. Octubre”. Allí, debajo de una historia con todos los componentes del gótico, pone de manifiesto una crítica acerba a la sociedad de su tiempo. El relato da cuenta de una caza de brujas, un acto de fe, una maldición, una profecía que se acentúa con el correr de los siglos bajo personajes que mantienen comportamientos y creencias del pasado. Estos son los engranajes que Tigrina pone a funcionar a través del gótico para elaborar una metáfora implacable de su presente, una sociedad que creía maniatada por preconceptos obsoletos, como si el peso fatídico de generaciones pasadas se mantuviera latente en el presente, y de esta manera pusiera en peligro de muerte a la propia sociedad, tras no poder dejar atrás tradiciones de odio.

Edythe Eyde, alias Tigrina, alias Lisa Ben, murió alejada del reconocimiento. Sin embargo su obra perdura, y tal vez a partir de ella, de su ficción, podamos reconstruir la imagen de esta maravillosa escritora que se atrevió, a la vez, a utilizar el gótico como ese estado latente que amenaza y perturba la normalidad dada en lo real.

  

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