31/10/2021

RETRIBALIZACIÓN


 

 

 

 

 

 

 

 

Por ALEJANDRO PASCOLINI

        En su obra “La galaxia Gutenberg” el sociólogo canadiense Herber Marshall McLuhan afirma que desde la creación de la imprenta la humanidad comenzó a concebir la realidad desde un “código único” de entendimiento. 

Esto quiere decir que, cuando se crea el libro, se establece una forma de comunicar los saberes e ideas donde  quedan relegados todos los sentidos a favor de la preeminencia de uno sólo: el visual. 

Según sus afirmaciones, la abstracción en el papel en forma de letras de aquello que el autor quiere transmitir, limitaría gravemente la posibilidad  de mostrar versiones y matices de las cosas que puedan provenir del resto de los sentidos. El escrito supone un código visual que, paradójicamente, nos deja ciegos para captar el mundo táctil o el auditivo.
Dicho de otra manera, el sentido del tacto, del oído, etc. son sustituidos en sus posibilidades de crear y concebir el mundo en beneficio del imperio de la vista, cuestión que puede verificarse desde el siglo XVI en el arte, la ciencia, la política, la filosofía y más recientemente en la psicología.

Por ejemplo el estilo “realista” que surge en el renacimiento propone la posibilidad de reflejar en la obra artística el supuesto carácter real y objetivo de las cosas. La creación de la perspectiva en el arte pictórico supone que quien mira un cuadro puede observar un paisaje tal como si lo percibiera  por una ventana. Ilusión de instauración de una imagen que identificaría las cosas de manera clara y evidente. 

En este sentido, la vista sería el órgano garante de establecer una “copia fiel de lo que es” en detrimento de lo táctil y lo auditivo.

El ideal cartesiano del sujeto individual y agente de sus pensamientos  también se inscribe en esta preponderancia visual de entender lo que existe ya que es por medio de la separación que efectúa la función del ojo entre la res cogitans (mundo interno) y la res extensa (mundo externo) como se distinguen tajantemente entidades que para otros modos culturales se despliegan en continuidad. Quiero decir que para las culturas llamadas por Mc Luhan analfabetas, el yo y el otro no conforman entes separados, sino que forman una sustancia sin separaciones, compacta. Por el contrario, nuestra cultura es debitaria de esta separación de entes, cuestión que puede verificarse por ejemplo en los  valores individualistas que sostiene.

En coherencia con lo anterior, la física clásica piensa su objeto de conocimiento conformado por elementos independientes unos de otros en un marco témporo-espacial fijo y rígido y determinados por una relación lineal de causa (o causas) y efecto.  

La mecánica que regiría los fenómenos estudiados por esta ciencia no es que no pueda explicar con rigurosidad y eficacia algunos de ellos. Pero está seriamente limitada a indagar y resolver  otros donde, por ejemplo, el concepto de campo de relaciones simultáneas (y no de entes vinculados por relaciones causales) puede ser más eficaz y comprensivo.

En definitiva, para Herbert Marshall Mc Luhan la creación del alfabeto y, muy posteriormente, la creación de la tecnología de la imprenta fomentaron una ideología individualista y solipsista ya que la marginación del resto de los modos de entender el mundo y la sociedad debilitaron a su vez el encuentro con el Otro de manera más integral y armónica.

La sociedad moderna, al alabar los valores visuales y, más específicamente, la  comunicación mediante la repetición uniforme de elementos tipográficos en papel, fomentó la producción de sujetos repetidos e iguales al mismo tiempo que fragmentados socialmente y fanatizados por la propia libertad y la propia responsabilidad.

Por eso en 1962, año donde escribe “La galaxia Gutenberg”, plantea que la radio y la televisión son para el hombre una puerta de acceso a modos más ricos y fructíferos de intercambio de mensajes ya que al sumarse lo auditivo (antes expulsado por la cultura del libro) a lo visual se contaría con la posibilidad de una comunicación humana más integral y armónica.

Notemos que la necesidad de la articulación de lo táctil al resto del stock sensorial para la interacción humana fue algo adelantado por este autor (actualmente en los medios virtuales el tacto cumple un papel notorio).

No estamos de acuerdo con Mc Luhan en esto de que el libro fragmenta la realidad y esteriliza la posibilidad de alcanzar aprendizajes e intensidades, mucho menos que incomunica a los humanos en un clima de silencio de biblioteca. Pero la simultaneidad de fenómenos que augura con el desarrollo de la tecnología situando como base del desarrollo de ésta a la física moderna nos invita a acordar con él en la necesidad de pensar los hechos sociales en términos de simultaneidad y de estructura y no sólo de manera lineal y causalista.

Si la costumbre de “sólo ver” las cosas nos sumergió en un orden rígido de causas y efectos, la noción de estructura que propone Mc Luhan en la comunicación y en la ciencia nos presenta otras estrategias para subvertir  los ideales dominantes.

La lucha social no es contra el libro, (de todas maneras se lee cada vez menos) el contorno de la obra del sociólogo canadiense nos invita a pensar otra cosa: La lucha social es contra el discurso Amo de que todo debe tener una causa eficiente, primera, más relevante que el efecto y además imposible de cuestionar.

Concebir la sociedad como una tribu de iguales, sin jerarquías ni sometimientos es el sueño de Mc Luhan que nos empuja a despertar.

  

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