09/07/2021

HAMMILL, PIAZZOLLA, Y LOS NOTICIEROS DEL MUNDO


 

 

 

 

 

 

 

 

Por SERGIO COSCIA

“Las noticias no penetran aquí

Es todo piel y honestidad”.

 Spinetta, Vida Siempre

 

               Las noticias en el mundo del rock suelen representar hoy un fenómeno meteorológico absurdo y a la vez, absolutamente predecible: son un festival de rayos y relámpagos iluminando un escenario vacío; y cuando debiera llegar el sonido, reemplazando el estallido de los truenos que anticipamos, llega un lejano ruidito insignificante que se pierde en su propio olvido.

Una cultura se hace con obras, no con noticias. Ni siquiera la historia, que de manera obligatoria se construye como relato cuando una cultura se ha instalado definitivamente, suele ofrecernos en ciertos casos más que una cronología de viejas novedades y de anécdotas vestidas de crónicas: ahí tenemos esa biografías intercambiables, que con la misma escasez de argumentos, de adjetivos y de detalles relevantes, pueden elevar a la categoría de genio indiscutible a cualquiera, simplemente reemplazando un nombre por otro.

No hay apenas diferencia con el día a día de la política. En el mejor de los casos, transcurrimos por un catálogo de inconsecuencias que ni siquiera sirven para distraernos de la realidad, por lo aburridas; ni proponen la utilidad de ser decorativas de esa misma realidad, por lo horribles. Así repetimos los zócalos que nos imponen: el regreso a los escenarios de la banda que en los últimos quince años compuso medio tema nuevo; otro disco de dúos y reversiones pergeñado en el escritorio de un CEO que nunca sacó una entrada para un concierto; el elogio consensuado y unánime al más reciente producto del poeta laureado por el canon de una cultura huérfana de poesía; cuando no, el anuncio de una reunión que quedará en la nada, o de un disco que nunca se completará.

Pero es peor: una parrafada inocua, sacada de contexto, puede servir de prueba excluyente  de la virtud y la lucidez de un artista intocable y afín; pero una parrafada semejante, en boca de un artista de culto e incómodo, es motivo de burla o de lisa y llana defenestración.

Pienso sorprendido que todas estas reflexiones me las dispara una simple noticia de un artista determinado, y me concedo que más allá del hecho artístico que pueda (o no) justificarla, cumple su cometido para mí.

Sé que el artista en cuestión ha significado algo parecido para muchos de nosotros. En los largos años de un tiempo en que, sí, los años eran más largos que ahora, la música y la poesía de Peter Hammill eran como una quinta estación. Entre el otoño y el invierno, o entre el invierno y la primavera: pasábamos por ella con la misma natural aceptación y predisposición de ánimo.

Después los años, indefectiblemente, se acortaron. Y algunos comenzamos a atravesarlos como en un accidentado viaje hacia un verano siempre ideal y efímero. Otras músicas nos acompañan desde siempre a aquellos que combatimos la tristeza con delicadas melancolías, y necesitamos del abrazo de los otros, pero también del cálido abrazo de un aire propicio y así trasnochamos la oscuridad, al calor de luces y sonidos más acogedores.

Sin embargo, El Poeta de Las Angustias permaneció siendo un leal amigo. De algunos, nos exiliamos a fuerza del azote repetido de otras inclemencias: academicismos, modas vencidas, imposturas varias, simple mediocridad.

Por eso la noticia, por mínima, ofrece sentido y motiva a ser compartida. Y se enlaza con otra información recurrente, del tipo que articula una obsesión que es a la vez  medida de nuestro incierto destino: el número redondo, veloz y abismal, de un aniversario.

Y es que a cien años del nacimiento de Piazzolla –otro músico insoslayable que no podemos escuchar permanentemente- el anuncio de Hammill sobre su primer disco de versiones, titulado “In Translation” (con traducciones de su puño y letra, precisamente) se magnifica con este dato: el álbum incluirá nada menos que dos temas de Astor, “Oblivion” y “Balada para mi muerte”.

Y aquí es donde el recorte –arbitrario como todo- de un simple hecho artístico de entremedio del tsunami constante de acontecimientos  y de sucesivos olvidos, nos ofrece como tabla de salvación un sólido pedazo de sentido. Si alguien del mundo del rock anglosajón debía versionar a Piazzolla, ése era Hammill.

Después vendrá la corroboración del acierto, la confrontación de expectativas y sorpresas, o ni siquiera eso. La música podrá quedar como un matiz del clima que afectará o no nuestra cotidianeidad o nuestra realidad emocional. Pero hoy, es esta noticia ínfima la que comparto como se comparte en las redes sociales, una foto familiar.

Las noticias, cuando no son decididamente falsas, suelen ser simplemente malas noticias. Esta nimiedad de la que me enteré como por un algoritmo del espíritu, me resulta un gesto contundente que destaca por su propia claridad y falta de importancia. Escribir estas reflexiones y de paso nombrar a estos dos artistas, también es un gesto. El de desobedecer los dictados, y  elegir lo que comunicar. El feliz anuncio, extendido a quienes nos importan, de un verano inminente.

  

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