06/09/2020

ANGELA A LOS 76


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     “¿Me preguntas si apruebo la violencia? Esta pregunta no tiene ningún sentido. ¿Si apruebo las armas? Crecí en Birmingham, Alabama. A algunos muy buenos amigos míos los mataron bombas que fueron preparadas por racistas. Uno de mis recuerdos de infancia es el sonido de las bombas que explotaban al otro lado de la calle y sentir cómo mi casa temblaba. Por eso, me parece increíble que alguien me pregunte si apruebo la violencia, porque significa que la persona que hace esa pregunta no tiene ni idea de lo que los negros hemos sufrido y vivido en carne propia en este país desde que llegó la primera persona negra, que había sido secuestrada en el litoral africano”.

-¿Tiene la impresión que, después de tantos años, es posible una transformación profunda?

Bueno, por supuesto, esta vez podría ser diferente. Pero nada garantiza que así sea […] Nunca habíamos presenciado manifestaciones continuadas y de este tamaño que fueran tan diversas. Así que creo que eso es lo que está dando a la gente una gran esperanza. Hasta ahora, la reacción de muchas personas que leían el eslogan ‘Black Lives Matter’ era: ‘¿Pero no deberíamos estar diciendo que todas las vidas importan?’ Y finalmente ahora lo están entendiendo. Mientras se siga tratando así a las personas negras, mientras la violencia del racismo siga siendo lo que es, entonces nadie está a salvo.

Creo que es muy importante señalar que, aunque la magnitud de esta respuesta no tiene precedentes, las luchas que se están librando ya se libraron en el pasado. Cuando miramos hacia atrás, realmente nos percatamos de que las reformas solo sirvieron para consolidar la institución y perpetuar el sistema. Y esto es lo que me da miedo del momento actual.

-En este sentido, ¿qué consejo le daría al movimiento ‘Black Lives Matter’?

Lo más importante desde mi punto de vista es empezar a dar forma a todas las propuestas sobre lo que podemos hacer a continuación. Independientemente de lo que la gente piense al respecto, realmente no va a producir un cambio [indica en relación al derribo de una estatua]. Lo que importa es cómo se organicen. El trabajo. Y si hay gente que sigue haciendo ese trabajo y se continúa organizando para luchar contra el racismo y proponen una nueva visión sobre cómo transformar nuestra sociedad, eso es lo que hará la diferencia.

Angela Yvonne Davis nació en Birmingham, Alabama, en 1944. Alabama estaba controlada por el conocido político supremacista blanco Bull Connor. Davis era amiga de algunas de las personas que murieron en el atentado contra la iglesia bautista de la calle 16 en 1963 –un acto de terrorismo del Ku Klux Klan en el que murieron cuatro niñas, y por el que no se iniciaron acciones judiciales hasta 1977. “Ya sabíamos que el papel de la policía era proteger a los supremacistas blancos”. Se mudó a Nueva York a los 15 años para ir a una escuela secundaria, fue a Alemania [Occidental] para estudiar filosofía y marxismo con Herbert Marcuse en la escuela de Frankfurt, y, cuando regresó a Estados Unidos a finales de los 60, participó activamente en el movimiento de los Panteras Negras y fue miembro del Partido Comunista. Sus vínculos con el comunismo le supusieron que el entonces gobernador de California, Ronald Reagan, la despidiera de su puesto como profesora interina asociada de filosofía en la UCLA (Universidad de California).

En 1970, se produjo una situación que lo cambió todo. Una escopeta que Davis había comprado legalmente fue usada por un joven, Jonathan Jackson, que entró armado en un juzgado y que tomó al juez como rehén. El juez murió, así como Jackson y los dos hombres que estaban siendo juzgados en la sala. Davis fue acusada de secuestro agravado y asesinato en primer grado porque había comprado el arma. Vivió en la clandestinidad hasta que finalmente fue detenida en Nueva York. Aretha Franklin se ofreció a pagar la fianza para que su caso se conociera, los Rolling Stones y John Lennon escribieron canciones sobre ella. Se convirtió en una causa célebre en todo el mundo y tras pasar 18 meses en la cárcel fue absuelta de todos los cargos. Tras esta experiencia, Davis se convirtió en una académica de ideas radicales y una líder de la comunidad, una figura internacional de activismo político de todas las tendencias.

Davis es consciente de lo cerca que estuvo de la muerte. Cuando habló con el periodista sueco en 1972, todavía estaba detenida por un cargo de asesinato y podría, en teoría, haber sido ejecutada. Muchos de los compañeros Panteras Negras de Davis tuvieron muertes violentas a manos del Estado: Fred Hampton fue asesinado en una redada policial en Chicago, mientras que Bobby Hutton fue abatido a tiros mientras se rendía en Oakland (Marlon Brando pronunció su panegírico). Muchos más siguen en prisión (Mumia Abu-Jamal) o en el exilio (Assata Shakur).

“Podría seguir en la cárcel, podría haber sido condenada a pasar el resto de mi vida entre rejas. Estoy viva porque personas en todo el mundo se movilizaron y me salvaron. Así que, en cierto sentido, nunca he dejado de librar esta batalla porque soy consciente de que yo no estaría aquí si otras personas no hubieran librado el mismo tipo de batalla para salvarme. Y seguiré haciendo esto hasta el día en que me muera”.

Uno de los principios que han marcado la vida de Davis desde que salió de prisión ha sido trabajar para que la contribución de las mujeres a la lucha por los derechos civiles no sea ignorada. Cree que en el momento actual esta contribución se está reconociendo y muchos luchan por que las mujeres que han sido víctimas de la violencia policial –como Breonna Taylor, asesinada a tiros por la policía en Louisville, Kentucky, después de haber utilizado un ariete para entrar en su apartamento– reciban la misma cobertura que sus homólogos masculinos.

“Creo que es importante entender por qué tendemos a representar esta lucha con figuras masculinas, y por qué no reconocemos que las mujeres han estado siempre en el centro de estas luchas, ya sea como víctimas o como organizadoras. Hay quienes en este país se preguntan: ‘¿Dónde está el Martin Luther King contemporáneo?’, ‘¿Dónde está el nuevo Malcolm X?’, ‘¿Dónde está el próximo Marcus Garvey?’ Y, por supuesto, cuando piensan en los líderes, piensan en el liderazgo carismático de hombres negros. Pero la organización radical más reciente entre los jóvenes, que ha sido un tipo de organización feminista, ha hecho hincapié en el liderazgo colectivo”.

-¿Piensa que la democracia estadounidense tiene espacio para ideas radicales sobre el cambio social?

No creo que pueda suceder. No con el liderazgo de las actuales formaciones políticas –no con los Demócratas, y ciertamente no con el partido Republicano.

En sus conferencias, Davis cuenta a veces una historia sobre cómo, siendo una niña pequeña en Birmingham, en un contexto de segregación racial, le preguntó a su madre por qué no podía ir al parque de atracciones o a las bibliotecas. Su madre, que fue activista antes que ella, le explicó cómo funcionaba la segregación, pero su discurso no terminó allí.

“Nos decía continuamente que las cosas cambiarían. Y que cambiarían, y que podríamos ser parte de ese cambio. Así que aprendí de niña a vivir bajo la segregación racial, pero al mismo tiempo, a vivir en un mundo nuevo imaginado y a reconocer que las cosas no siempre serían como eran. Mi madre siempre nos decía: ‘Las cosas no deberían ser así, el mundo no debería ser así’”.

*Extraído de: https://www.eldiario.es/

  

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