14/09/2019

BARRIO CARTERO FÚTBOL CLUB

















EDITORIAL

AÑO II – Número 12

           Furibundo Tempo, en sus “Apuntes de barrio”, describe la evolución de las organizaciones barriales dedicadas a fomentar el deporte. En el caso de nuestro distrito, arranca desde que era “Cuartel cuarto”, el cual como todos sabemos, pertenecía a Morón y luego, recién en 1995, pasó a ser Partido de Hurlingham. La referencia histórica más importante para los cronistas es, sin lugar a dudas, el Hurlingham Club, un club que nació como una Sociedad Anónima con una aspiración dirigida casi exclusivamente a que sus miembros pertenecieran, aun de manera remota, a la influencia de la Corona Británica.

Furibundo Tempo ni lo nombra a este club en sus apuntes; el infatigable historiador refiere su trabajo a los clubes y sociedades de fomento de los arrabales, a esas organizaciones que nacieron en reuniones nocturnas de tipos que venían de largas jornadas de trabajo. Construcciones colectivas que tenían como objetivo reunir al barrio, a veces con la excusa de un partido de fútbol, otras, de milongas que congregaban multitudes. No vamos a nombrar a ninguno de ellos, sería injusto, seguramente nos quedarían en el tintero muchas instituciones que ya quedaron empapadas de olvido. La intención es rescatar el esfuerzo de esas familias que los fines de semana construían esos lugares de encuentro. Los que tienen memoria saben perfectamente de lo que estamos hablando.

Don Tempo comienza su testimonio con un ejemplo curioso, la historia del “Campito” en Villa Insuperable, una canchita de futbol situada en el cruce de las calles Colón y Salguero. El predio, una esquina olvidada por el dueño, congregaba a decenas de pibes del barrio. Alguien organizó a los pibes por edad, y con el nombre de Campito empezaron a competir en los campeonatos de la zona.

Parece que el semillero era bueno y lograron una inusitada seguidilla de campeonatos. La repercusión fue tan grande que los chicos se acercaban a participar en cantidades que superaban ampliamente la matrícula de todas las categorías, lo que originó el “Campito 2”. Los sábados a partir de las 13 horas el barrio se transformaba, la calle Salguero de Colón a Cafulcurá se clausuraba. Largas parrillas eran instaladas en las veredas y el barrio se juntaba en una cuadra, la costumbre trascendió al fútbol y en Navidad y Fin de año el barrio también festejaba, con bailongo incluido.

Un día a principios de los ’80, unos tipos plantaron un alambre tejido en toda la esquina, levantaron un enorme galpón y colgaron un cartel: “Taller mecánico”. Los pibes desconcertados, con la pelota bajo el brazo se fueron perdiendo en el interior de sus casas, nunca más se cortó la calle Salguero. Algunos viejos memoriosos todavía recuerdan el brindis de cientos de copas y los bailes en la calle.

Hurlingham fue muy castigado en lo referente a costumbres populares, le extirparon hasta la geografía de un pueblo. No tiene una plaza central con la Municipalidad, la Iglesia y la Escuela en su perímetro; se quedó sin el club protagonista en el futbol de ascenso; se quedó sin identidad. Los clubes y organizaciones barriales pierden poco a poco su protagonismo, los pulpos del futbol argentino alargan sus tentáculos e instalan predios en nuestro distrito encandilando a las promesas del futbol local.

Los clubes que fueron fundados en otros tiempos con grandes ambiciones, con la participación de familias enteras, se fueron apartando de aquellos sueños colectivos. Las causas son múltiples, sin embargo todavía tenemos esperanzas.

Unos pibes que jugaban a la pelota en la calle, bajo la atenta mirada de sus mayores, despertaron la iniciativa de algunos padres que organizaron y gestionaron la participación de esos chicos en los campeonatos zonales. La particularidad fue que no tenían lugar donde jugar, lo cual no fue impedimento para que el “Barrio Cartero Futbol Club” empezara a funcionar. No tenían sede, no tenían cancha, jugaban de local en lugares prestados, pero los sábados el club fantasma aparecía y traía un equipo, y familias que llegaban con una evidente alegría de estar juntos…

Después pasó lo que nos pasa a todos, la vida dicen… Cuenta uno de los protagonistas de esos tiempos que las anécdotas fueron infaltables en ruedas de amigos y en familia, goles, jugadas, asados, bailes, payadas y amores.

Parece que hace unos años se juntaron, redes sociales por medio, esos pibes del ayer que vivieron todo eso. Entre el vermut y el asado se dieron cuenta: “Hay que reflotar el club”, dijo Guillermo.

El Barrio Cartero Fútbol Club sigue sin cancha y sin sede. Las categorías Serie Dorada, Pre Seniors, Veteranos y Super Seniors, tienen un protagonismo descollante en el fútbol zonal. El Club fantasma sigue asombrando a propios y extraños, la convocatoria supera ampliamente los límites de la cancha; cantores, escribanos y cocineros se sumaron al grupo de indisimulable procedencia popular. Dicen que nadie debería perderse presenciar la entrada de los distintos equipos, que tiene en sus integrantes a muchachos que van de los 40 a los 70 y pico de años. La tribuna local, siempre prestada, brama de alegría, donde esposas, hijos y nietos aplauden hasta que las manos se ponen coloradas.

Al revés de lo que le pasó al “Campito” de Villa Insuperable, el Barrio Cartero Futbol Club tiene un destino, porque lograron darse cuenta que la pelota siempre fue una hermosa excusa. Lo que extrañaban estos pibes veteranos era estar juntos y siempre desde la alegría le metieron una diagonal a la felicidad. El único adversario que les hace fuerza es el almanaque, por ahora le siguen tirando sombreros y rabonas al destino.

Dicen que el optimismo de estos tipos no tiene límites, ya se pusieron a trabajar en un baile en la calle, prestada, como corresponde para ellos. Piensan cortar Vergara para fin de año, desde Gaona hasta el camino de Buen Aire.    

 

EL NIDO DEL CUCO

  

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