30/08/2020

RELOJES QUE MIENTEN


 

 

 

 

 

 

 

 

Por ALEJANDRO BRAILE

               La zona oeste del cono urbano bonaerense fue y es un territorio inhóspito para homologar hazañas, pasa que sus habitantes hacen gala de una endemoniada memoria que destroza cualquier intento de superar a los antepasados. Esa conducta inquisidora está presente en cada esquina de Williams Morris, ni hablar de Villa Tesei, la cosa afloja en las inmediaciones de la estación de Hurlingham, donde, salvo en el bar San Martín, se permiten concesiones innecesarias.

Furibundo Tempo en su libro “Recuerdos mal estibados” da a conocer una negación histórica a una homologación que de haber sido concedida hubiese sido una vergüenza. El viejo historiador relata la desventura de Ricardo Ponzelli, un Playboy que cayó en Buenos Aires en el año 1910, el hombre llegó con su aeroplano y la idea era poner un aparato de esa característica en el aire por primera vez en Sudamérica. No pudo ser, tanto en el Hurlingham Club como en el polígono de Campo de Mayo, el intrépido piloto solo logró un severo revolcón. A pesar de la insistencia del cronista del diario “El progreso” que afirmaba que el aparato había despegado “como diez metros”, el mismísimo Jorge Newbery, Presidente del Aeroclub Argentino, negó terminantemente la homologación del vuelo. El acervo popular guarda muy celosamente algunos relatos que superan ampliamente los límites regionales del oeste bonaerense, la enfática negación al récord mundial de los 100 metros llanos de Usaint Bolt es una muestra, 9,58 segundos, dicen un par de ancianos en el centro cultural Leopoldo Marechal y esbozan una sonrisa. Pasa que cuando cuentan lo que para ellos es el récord mundial de un tipo corriendo una cuadra parece no tener contra. El Negro Hormiga, del boliche “La estrella” a la calle Pilcomayo le ganó a los perdigones de la escopeta del 12 de Risotti, ¡eso es correr!, dicen afirmando con la cabeza y los labios apretados.

El colmo lo protagonizó un natural de Bragado que desde pibe habitaba Villa Tesei, conocedor como pocos de la raza equina afirmaba haber tenido un caballo, el más veloz que haya existido en los 1600 metros. “Fue en la primavera del 1973, “Agarrate” corrió solo y clavó minuto 28 segundos, el encargado de tomar el tiempo, cuando vio la marca, dijo que el cronómetro andaba mal. Desde ese día no lo pude anotar nunca más. Las comisiones de carreras de Palermo, San Isidro y La Plata, adjudicaban que habíamos hecho trampa”.

La anécdota no resiste el menor análisis, sin embargo logró despertar la curiosidad de Furibundo Tempo. Efectivamente, no existía ningún registro de la corrida del caballo y tampoco hay documento alguno que avale las negativas a correr al ejemplar.

“El 25 de febrero de 1995 se corrió el Clásico Horacio Bustillo, Ritón con Horacio Karamanos en su montura recorrió los 1600 metros en 1 minuto 31 segundos, récord mundial en pista de césped”, así fue homologada la hazaña de Ritón por la Comisión de Carreras del Hipódromo de San Isidro.

Que un caballo recorra la milla en 91 segundos con 57 kg. en el lomo, significa que debe recorrer en promedio 17,58 mts. por segundo. Lo del paisano de Bragado era una locura dado que según él su caballo en idénticas condiciones por cada segundo recorría 18,18 mts. Estamos hablando de una diferencia de 52,74 mts. a favor de “Agarrate”.

Furibundo Tempo siempre tuvo una debilidad con la tentación que propone el turf y siempre le quedó clavada la espina de aquella controversia de boliche. El primero de mayo de 2002, por lo bajo un amigo le pasó un dato, “Hoy en Córdoba, precisamente en General Cabrera, debutó un crack, se llama Candy Ride, largó parado y ganó al trote en los 500”. El Profesor esperó pacientemente y el 9 de agosto de 2002 el potrillo que venía de Córdoba debutó en Palermo en la séptima carrera, recorrió los 1200 mts. en 1 minuto 09 segundos 31 centésimas y ganó por una cuadra, con Glades en la cruz, pagó magros 2,15 por cada peso, parece que el dato se había “viralizado”. No pudo correr la Polla de Potrillos por un cuadro de tos, lo que obligó a anotarlo en una brava de verdad, el Gran Premio San Isidro (G1), el 12 de octubre en los 1600 metros. Les ganó por escándalo a los mejores de la distancia, varios cuerpos que fueron 10 en un tiempo de 1 minuto 32 segundos 16 centésimas. La tercera y última carrera que corrió Candy Ride en Argentina, también en el césped de San Isidro, fue el Gran Premio Grupo 1 Joaquín S. de Anchorena (12da carrera), el 14 de diciembre de 2002, la competencia más importante del calendario turfístico en los 1600 metros. Furibundo Tempo estaba ese día en el Hipódromo y vio el mejor espectáculo que puede dar un caballo, tomó la punta y cruzó el disco cuando el cronómetro marcó 1 minuto 31 segundos 01 centésima. Tempo con los boletos en la mano gritaba: “Es lo mejor que se ha visto”, un señor mayor le tocó el hombro y le recordó: “Aquí mismo hubo uno en el 95 que echó 1 minuto 31, un tal Ritón”. Y si… el Profesor se acordaba.

Furibundo Tempo era de Villa Tesei y estaba seguro que nadie podía correr más que Candy Ride, salvo “Agarrate”, aquel caballo del paisano de Bragado. Finalmente llegó el 22 de febrero de 2010 y el Haras Río Claro subió la carrera de Ritón cuando batió el record mundial. Después de mirarla varias veces el profesor le redactó una carta a la Oficina de Carreras del Hipódromo de San Isidro, con copia al Jefe de Prensa Don Pablo Carrizo. La comunicación epistolar sucedió el 15 de mayo de 2020.

 Raro Récord

 

A la Oficina de Carreras del Hipódromo de San Isidro:

 

                                    Estimados, ante todo me presento como un modesto escriba de barrio, pero, fundamentalmente un aficionado al turf, que, como casi todos los de mi generación, heredamos el metejón de nuestros viejos. De vez en cuando, barajando algunos recuerdos, orejeamos algunas fotos y se tejen las historias. Hace algunos días me propuse escribir sobre un caballo y pretendí que fuera el mejor, entre un ramillete de glorias apareció Candy Ride. Lo vi volando por el césped el 12 de octubre de 2002, 1 minuto 32 segundos 16 centésimas para recorrer la milla de San Isidro, sin embargo lo mejor vendría el 14 de diciembre de ese mismo año en el Anchorena, se notó desde que largaron 22’’ 46 centésimas para los 400 mts, 45’’ 75 los 800, 1’ 07’’ 78 los 1200 y cuando cruzó el disco clavó un inolvidable 1’ 31’’ 01 centésima. No habrá ninguno igual dijimos a coro en la popular. “Hay uno que tiene 1’ 31’’, es el que tiene el récord mundial, Ritón, 25 de febrero del ’95, en el Bustillo” nos sacudió un memorioso. La verdad nunca creí que pudiera haber uno mejor que Candy Ride y de puro desconfiado encontré la carrera de Ritón.

El reloj digital marca que la carrera se largó a las 6 : 27 : 53 PM, lo reproduzco igual que en la pantalla. No hay parciales, es decir, no podemos desmenuzar la carrera en segmentos, el cronómetro no los registró, pero sí tomó el tiempo total, en la parte inferior derecha de la imagen se ve claramente que cuando Ritón cruza el disco se congela en 1’ 31’’. La gráfica resalta que es tiempo récord. Dos situaciones, la primera es que el cronómetro empieza a marcar al rato de que largaron, la segunda es que la carrera terminó a las 6 : 29 : 27 PM. El tiempo del reloj de arriba, con su limitación de marcar como mínimo los segundos transcurridos, indican un lapidario 1’ 34’’. ¿Qué hacer con esto?, me pregunté, con el agravante de que Ritón indudablemente era un crack, a las pruebas me remito: El 6 de mayo del ’95 ganó el Cásico Capital GII, en 1’ 33’’ 2/5.

 

luego se impuso con gran estilo en el Clásico 9 de julio GI, (08-07- 1995).

en 1’ 32’’ 08 centésimas. El 23 de septiembre gana el Clásico Ecuador en 1’ 32’’ 20 centésimas. 

El 21 de octubre en el Clásico San Isidro gana por demolición y queda a 17 centésimas de su récord mundial. El moño fue el Anchorena donde Ritón demostró por qué tenía que quedar en la historia.

Fiel a su costumbre se vino de un viaje y voló nuevamente en el espacio privilegiado del minuto treinta y uno, 1´31’’68. Sin embargo, es menester ponerlos en conocimiento que en los tres últimos Clásicos los cronómetros difieren notablemente con el reloj que marca la hora oficial.

Clásico Ecuador 1’ 32’’ 20 Largaron 18 : 48 : 29, llegó al disco 18 : 50 : 04, tiempo 1’ 35’’

Gran Premio S. Isidro 1’ 31’’ 17 Largaron 18 : 46 : 10, llegó al disco 18 : 47 : 44, tiempo 1’ 34’’

Gran Premio Anchorena 1’ 31’’ 68 Largaron 15 : 40 : 29, llegó al disco 15 : 42 : 03, tiempo 1’ 34’’.

Con todo respeto les vuelco mis observaciones, espero su experta mirada para poder comprender estas situaciones. Para finalizar, mi Crack tampoco salió indemne, Candy Ride cuando ganó el Gran Premio Anchorena el 10 de diciembre de 2002 se le abrió el partidor a las 06 : 48 : 35 y después de una notable faena cruzó el disco a las 06 : 50 : 09, 1’ 34’’.

Tal vez esta nota forme parte de alguna crónica burrera, sin embargo es fundamental conocer su punto de vista de estos raros comportamientos de los relojes.

Agradezco su especial atención y les mando un gran abrazo.

Furibundo Tempo

 

Hace 25 años que ese récord está vigente. Hasta el momento la carta no tuvo respuesta, ni siquiera un vamos a ver. Ese récord mundial ha sido una verdad perecedera, a partir de esta publicación el record del extraordinario RITÓN será mentira porque los responsables de homologarlo ya están enterados de que ya sabemos que no hay caballo que corra 1:31 en el césped y deben tener la grandeza de corregir la plana. Para finalizar Furibundo deja otra perla, LOCOMOTIVO, con la monta del inmenso uruguayo Pablo Gustavo Falero, el 17 de mayo de 1997 batió el record de los 1000 metros, también en el césped de San Isidro y marco en el cronómetro oficial 53 segundos 07 centésimas. La carrera se largó, según el reloj digital que aparece en pantalla, como todos los otros casos, a las 15: 24: 52 y el ganador cruzó el disco a las 15: 25: 48, siendo generosos el caballo corrió los 1000 en 55 y algo.

En una de las últimas charlas que tuvo este cronista con Furibundo Tempo, mate de por medio y haciendo memoria me confesó, que el mejor caballo que él vio correr fue “AGARRATE” que voló en los 1600, “un minuto 28 en el pasto, un escándalo, el dueño -continuó- nació en Bragado pero pasó casi toda su vida en Villa Tesei”.

  

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