18/09/2018

LA CULTURA DEL DÓLAR

Por ALEJANDRO BRAILE

Creer que el dólar es solo un refugio de última instancia para ahorro, es por lo menos, una creencia inocente. Esta manera de especular tiene raíz en la desconfianza, generada en una usina de información que defiende los intereses de los que han vivido saqueando a nuestro País. Tan fuerte es el mensaje, que con el correr de los años el dólar forma parte de nuestro acervo cultural. La cultura del dólar es también la del sálvese quien pueda, que descompone los valores básicos de la condición humana, que ubica además a la propiedad por sobre la vida, ni hablar de soberanía, que el cipayismo la considera un papel viejo e ilegible.

    No hace falta aclarar de qué se trata, el Dólar es una moneda universal, para algunos representa la eficiencia económica de Estados Unidos, para otros simboliza el imperialismo americano. El trigésimo séptimo presidente de este País, Richard Nixon, le dijo al mundo: “La fortaleza de la moneda de un país depende de la fortaleza de su economía”. Para algunos, esta frase es una síntesis de EEUU, para otros es una advertencia del peligro que encierra una moneda sin respaldo. Transitar la historia del Dólar es descubrir intrincados senderos donde, patriotas, mártires, ciudadanos honestos, asesinos, estafadores y vulgares ladrones, se mezclaron por las buenas, y muchas veces por las malas, llegando a ser la primera potencia mundial. El enorme poder que ejerce el gigante del norte, lo explica su moneda, el Dólar.

La historia de la economía de Estados Unidos, es la historia del dólar. En este recorrido no se puede soslayar el protagonismo del Banco Central de Inglaterra, la dinastía  Rothschild,  Napoleón Bonaparte y la puja por el dominio del Banco Central de Estados Unidos, primero, y la Reserva Federal después.

Unas treinta personas escuchaban atentamente a Furibundo Tempo, el Profesor estaba sentado en la raíz del viejo ombú, con la mirada perdida en la catedral de Morón. A último momento la Universidad le había negado el espacio para disertar. Como única explicación le hicieron saber que la orden viene de arriba. Los noventa avanzaban a todo tren y los argentinos agotaban pasajes para pasear en el exterior.

Un peso, un dólar y toda la fantasía de pertenecer a un mundo que exige pautas diferentes, renunciar a tu idioma, a tu moneda, a tu cultura, a tu geografía, en definitiva, renunciar a lo que eres. Tempo la tenía clara: Nosotros tenemos un concepto de la cultura que sólo se circunscribe a la producción artística, jamás reparamos que nuestra conducta siempre responde a mandatos culturales, la mayoría de ellos nos han sido implantados. El eufemismo “cultura es todo” nos hizo mucho mal, nadie se toma el trabajo de explicar por qué cultura es todo. El egoísmo, el sálvese quien pueda, son productos culturales encapsulados en esta nueva forma de vivir llamada neoliberalismo.

Aquella tarde el Profesor ofreció una clase magistral de cómo nos afecta el dólar, de cómo la moneda del norte se convirtió en un arma formidable y cómo lograron de que un papel pintado de verde fuera la referencia ineludible para tasar todo, hasta el precio de los traidores. Pasado el tiempo nos damos cuenta de lo acertado que estaba el hombre, la cultura tiñe todos los quehaceres de la vida, algunos nos educan, nos emocionan, nos previenen, otros nos embrutecen, nos hacen actuar contra nosotros mismos, la cultura del dólar es una de ellas, un verdadero atentado contra tu lugar, tus sueños; los próceres dirían que contra la Patria.

El Estado es el único instrumento eficiente para aplicar la justicia social, por eso es atacado desde adentro y desde afuera; la idea siempre fue desmembrarlo, achicarlo. Los poderosos, esos que se adueñaron del patrimonio de este País, siempre con procedimientos bestiales, se han querido defender con disparatados argumentos, nunca han mostrado su inconfesable conducta que nos hundió en el abismos de la miseria y el horror. La moneda nacional es tan importante como el territorio, es la herramienta fundamental para llevar adelante cualquier iniciativa con intención de redistribución. Defender la moneda nacional es nada más ni nada menos que defender la soberanía. Se habla de dolarizar…de lo que realmente se está hablando es de entregar nuestra independencia económica, es como entregar a los poderes foráneos un pedazo grande de nuestro territorio. Si esto ocurre, nuestro destino estará marcado, la pobreza y la miseria no dejarán lugar a las utopías y será normal que quien nace pobre debe morir pobre. El dólar esconde en su pasado una historia de prepotencia y muerte, la verdadera historia del dólar es la historia del dolor.

Pasaron más de 20 años y todavía retumba en la plaza de Morón la palabra de Furibundo Tempo, otra vez las pizarras con la cotización, otra vez el riesgo País, otra vez el salario miserable, otra vez el hambre… otra vez.

   

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