10/06/2020

MUSIC IN A FOREIGN LANGUAGE


 

 

 

 

 

 

 

 

Por SERGIO COSCIA

           Ciertos hombres tenemos la fortuna de no estar nunca solos.

Si el Poeta dijo que “la soledad es un amigo que no está”, lo dijo en una canción, y fue a habitarla con el amigo, con su propio dolor y perplejidad, y con todos los que íbamos a escuchar.

Ya nunca más hubo soledad.

Es de noche. Estamos confinados. Y al revés de todo probable terror, es uno el espectro borrachín que vaga por una casa donde una ruidosa multitud de libros y discos convive.

Entre ese superpoblado mundo de maestros, compañeros olvidados, viejos conocidos, ángeles eternos, extraños que esperan ser presentados, inesperados enemigos, hay libros o discos que humildemente ostentan la inexpresable jerarquía de amigos.

Por eso no estamos nunca solos ni estando solos.

Los conocemos bien. No pueden darnos más de lo que siempre nos dieron. Son nosotros mismos con otros nombres, diciendo algo que no podemos decir, e incluso diciéndolo en otro idioma.

“Music In A Foreign Language”, de Lloyd Cole, es precisamente y en más de un sentido, uno de esos discos. Es más, Lloyd Cole suele grabar ese tipo de discos, y eso lo hace un amigo a él también. Ahí están Etc, Anti Depressant, The Negatives: álbumes a los que se vuelve como una visita de paso, siempre necesaria, siempre fructífera, siempre bienvenida.

Si los temas de las charlas son los mismos, uno nota que lo que ama son las maneras del amigo. En diez canciones que parecen simples pero son tan difíciles de reunir una tras otra para conformar un gran disco, Lloyd Cole nos acompaña con todos los matices de una madrugada de afecto e intimidad.

Su primer estribillo establece una paradoja que toda la vida hemos desafiado: “música en un lenguaje extranjero/ palabras que no entendemos”…y sin embargo, algo dentro nuestro traduce lo esencial.

Porque es lo que hacen los amigos: comunicar lo esencial con su sola presencia. Una voz cálida, un puñado de gestos, la cuidada delicadeza de unos detalles trabajados para un énfasis, una confesión o el registro de una empatía. Nada demasiado grave, sólo unas melodías leves que se te apoyan en el hombro. El guiño de un silencio entre dos notas. La picardía de una complicidad señalada por un simple cambio de acorde.

Noche de soledades unidas. Mundo vacío, habitado por los que no abandonan, los que pasaron una vez y se fueron, los que vinieron para quedarse, los que esperan.

En secreto suenan canciones por todos lados. Suenan, e inevitablemente alguien que escucha piensa en alguien más.

Y como dijo El Poeta: “toda la música que cuelga suena por ti”.

  

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