02/04/2019

DETROIT ROCK CITY

 

 

 

 

 

 

 

 

POR FACUNDO GARCÍA

Cuando hablamos de herencias musicales, New York, New Orleans, Memphis y Filadelfia son las ciudades más mencionadas. Extrañamente, Detroit suele ser pasada por alto, tal vez para no recordar que fue el corazón industrial de EEUU, donde surgió una concepción nueva del trabajo y hoy se retuerce entre la decadencia y los graves problemas raciales.  Fundada por Antoine de la Mothe Cadillac, la música surgida de Detroit reflejó el apogeo y la caída de esta ciudad que expresó como ninguna el sueño americano, pero también, sus pesadillas.

 UNA NUEVA FORMA DE HACER

Cuando a fines de los años 20 Stefan Zwieg (olvidado novelista austríaco de origen judío, viajero incansable, que se suicidó en Brasil en 1942 viendo cómo Europa se sumergía en la barbarie nazi de la que creía, nunca saldría) visitó Detroit, describió una ciudad que era el faro de los Estados Unidos, una ciudad de esplendor que era el núcleo de la industria automovilística norteamericana. Y por supuesto lo llevaron (paradójicamente, a bordo de un Cadillac) a conocer la fábrica Ford. Dice Swieg: La Ford era “un verdadero mundo más que una fábrica, una ciudad en sí misma, con su propio ferrocarril (con veinte locomotoras), una flota de grandes barcos que transportan sus mercancías por el lago Michigan y una estación radial propia de ondas cortas”. Algo que lo dejó impresionado fue la gigantesca acería y sus hornos de fundición, donde equipos de trabajadores se turnaban día y noche sin solución de continuidad para no dejarlos enfriar. También el pasaje por diferentes edificios en donde se construían todas las partes de los autos, desde los neumáticos hasta el reloj y el velocímetro.

Pero fue la sala de montaje de todo el automóvil la que lo dejó estupefacto. Cuatro o cinco obreros al mismo tiempo le consagraban a cada pieza no más de algunos minutos. Le iban poniendo a los chasis, esqueletos de acero que llegaban por un tapiz rodante, todas las partes necesarias, hasta que en una hora el vehículo estaba terminado y alguno de esos mismos obreros se subía en él y salía manejándolo. Zweig tembló entonces pensando que la rapidez del armado indicaba fragilidad y requería luego una revisión técnica, pero no fue así. Los autos recién fabricados solo hacían quince minutos de prueba en una pista especial sin ningún problema. Y el autor añadía con asombro que “al día siguiente el vehículo sería remitido a su propietario con el número de matrícula y una buena garantía. Cada dos minutos uno nuevo salía de las puertas de la fábrica para rodar por el mundo”.(1)

 

LA CIUDAD DEL MOTOR

El 12 de enero de 1959, Bery Gordy creó Motown Records (nombre inspirado en la ciudad, que para esa época era conocida como la ciudad del motor, “Motor City”, de ahí “Mot-“, raíz de motor, y “-town”, que significa pueblo/ciudad. Este sello, donde trabajaron desde Marvin Gaye, Las Supremes, Smokey Robison y Los Jackson 5, se dedicaba exclusivamente a la difusión de música negra, y jugó un papel fundamental en la difusión de la música popular estadounidense, influyendo en todo lo que se cocinó en los 60 (el momento de mayor esplendor del sello) y hasta llegó a conseguir su propio sonido (Motown Sound), que la distinguía de los demás sellos y por lo tanto lo convertía en algo único.

Berry Gordy Jr. había sido boxeador profesional y había combatido en la Guerra de Corea como soldado del ejército estadounidense. A su regreso, en 1953, su afición por la música le llevó a montar una tienda de discos de jazz, 3-D Record Mart, que sin embargo, solo pudo mantener abierta durante año y medio. Tras el cierre empezó a trabajar en una fábrica de Ford y, después, se dedicó a componer. Escribiría Reet Petite (1957) y Lonely Teardrops (1958), número 1 en las listas de R&B y su primer tema en entrar en el Hot 100 de Billboard. Las canciones estaban editadas por Brunswick Records que, al igual que otros sellos para los que cedía temas, no le pagaba ni pronto ni bien por los derechos de autor. Cansado de esta circunstancia, decidió producir sus propios discos.

Empezó a reclutar jóvenes talentos negros que iba descubriendo o fichaba de otras discográficas, como William ‘Smokey’ Robinson. La primera referencia que publicó fue un single de Marv Johnson, Come to me, mientras que el primer gran éxito llegó con Money (That’s what I want) de Barrett Strong, puesto 2 de R&B en 1960.

Pero si bien la calidad de la música que se estaba generando ya marcaba una diferencia con lo que estaba sonando, Motown era un sello más, (exitoso, pero no más que la mayoría) que necesitaba un salto de calidad si quería despegarse. Gordy lo sabía, y cuando se decidió a crear la compañía, tenía claro qué modelo de trabajo necesitaba, y se inspiró en el sistema de trabajo que aprendió en la industria automovilística. En este caso, en busca de la canción de pop perfecta destinada a todo tipo de públicos, sin distinción racial, como hasta ese momento era habitual.

 

LA FÁBRICA DE ÉXITOS

Su visión empresarial lo llevó a construir un perfecto engranaje de piezas que funcionaban armoniosamente para obtener los resultados más satisfactorios: contaba con los mejores artistas, que eran sometidos a una férrea disciplina a la hora de grabar; tenía en nómina a los mejores compositores y productores, como Holland-Dozier-Holland, Nick Ashford o Norman Whitfield; dispuso de unos excelentes músicos de sesión permanentes, The Funk Brothers, coristas como el trío femenino The Andantes y hasta una escuela de ‘modales’, en la que Maxine Powell enseñaba a los intérpretes a hablar en público, la forma correcta de caminar, de moverse en el escenario o el vestuario apropiado. De este modo, en enero de 1961 llega el primer top 1 de R&B y número 2 en las listas generales, Shop Around de The Miracles, single que vendió un millón de copias. Y a finales de año, por fin un tema alcanza la cima de las listas en Norteamérica, Please Mr. Postman de The Marvelettes.

El sonido motown no pasaba demasiado por los equipos que usaban para grabar ni por las condiciones técnicas del estudio, sino que tenía como elemento principal preservar la musicalidad de las grabaciones. Se montó una verdadera cadena de producción que consagró una cartera de éxitos como nunca se había visto y que conforman unos de los catálogos más ricos del siglo 20. A la manera de la Ford, que pretendía darle un auto a cada norteamericano, la Motown tenía una canción para cada joven de una Norteamérica que se dirigía al sueño de los 60 y a la pesadilla de Vietnam.

La cadena de reproducción de la canción perfecta sostenía la filosofía del trabajo duro. Se conformaron distintos equipos de escritores cuyo objetivo era escribir 5 canciones por día. Cada uno de estos equipos trabajaba en pequeñas habitaciones que disponían de un piano  y una grabadora de cinta. Al final de la semana cada equipo de grabación presentaba sus 5 mejores canciones y se les aprobaba una cantidad de canciones (generalmente una o dos) para ser grabadas como sesiones básicas. De las canciones grabadas como sesiones básicas algunas terminarían siendo grabadas con todos los arreglos necesarios, posteriormente eran mezcladas y masterizadas (en esa época el proceso de masterización consistía en llevarlo a un formato de disco de vinilo).

Finalmente, el departamento de control de calidad se encargaba de elegir cuales iban a ser promocionados como singles.

Este proceso era extenuante, pero tal nivel de detalle tenía una razón: Motown no era solamente un sello discográfico, sino que también oficiaba representando a los artistas que estaban en el sello. De esta manera les convenía gastar más dinero haciendo singles exitosos que lanzando singles de futuro incierto que pudieran comprometer las carreras de sus artistas.

 

Money (That’s What I Want)

Motown obtuvo una enorme repercusión hasta 1971. Incluso The Beatles y The Rolling Stones sucumbieron ante la calidad de los temas surgidos de la factoría, haciendo versiones de You really got a hold on me o Money, respectivamente. Los años 60 serían los más fructíferos, con memorables trabajos de solistas y formaciones como Mary Wells, Martha Reeves & The Vandellas, The Four Tops o The Temptations, entre otros muchos. También Stevie Wonder, que publicaba en 1963 el disco en directo The 12 years old genius, primer álbum del sello en coronarse número 1. ‘Little’ Wonder se convertía en el intérprete más joven en liderar las listas. Dos años más tarde, The Supremes llegaría a ser el único grupo que publicaba cinco hits consecutivos.

En los años 70 irrumpirían con fuerza los hermanos de Gary (Indiana), The Jackson 5. Jackie, Tito, Jermaine, Marlon y Michael Jackson colocaron cuatro singles en el número 1. Una década en la que también destacó, con grandes canciones y LP’s, Marvin Gaye.4 Pero aquí comenzó también el declive. En 1972, Gordy decidió trasladar el centro de operaciones a Los Ángeles, más interesado en el negocio musical para el cine. Los artistas empezaron a quejarse por los métodos de trabajo, requerían más dinero y conseguir mayor control sobre sus obras. Algunos productores y compositores se marcharon.

El sello que cambió la manera de entender la música, que ha obtenido ventas millonarias y más de 180 números uno, ha sido capaz de crear un estilo único e inconfundible, un sonido propio de soul elegante y pop pegadizo, el Sonido Motown. Como el Ford T, emblema de un modo de producción que revolucionó el trabajo. Vendría la decadencia, pero la música seguiría reflejando el camino de una ciudad que fue el centro de la industria y modelo mundial de producción hasta convertirse en tierra arrasada, víctima del mismo sistema económico que ayudó a crear.

(1) Del Detroit de Stefan Zweig al de la bancarrota. Mario Rapoport.

  

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