31/03/2019

LA ESTRATEGIA DE LA BURGUESÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

POR ARIEL STIEBEN

Hoy, en un momento de crecimiento de la pobreza y el desempleo, ¿Macri corre el riesgo de seguir el destino de De La Rúa? ¿Están dadas las condiciones para que se vaya en helicóptero? Desde el punto de vista de la marcha de la economía, en abstracción de otras consideraciones, podríamos responder que sí, pero habría que recordar que con este criterio, hasta Cristina debiera haberse marchado, antes de finalizar el mandato.

DE CARA A LAS ELECCIONES DE 2019

 

             La idea de que el empeoramiento de los indicadores sociales presupone automáticamente una crisis política es, como mínimo, una simplificación y un apresuramiento innecesario. En efecto, el INDEC acaba de publicar cifras crecientes de desocupación y pobreza y ya muchos analistas políticos salieron a la palestra a decir que la reelección de Macri en el 2019 está en peligro. Algunos, incluso, se atrevieron a mencionar el 2001 como una suerte de premonición sobre el destino de Cambiemos. Sobre todo, luego del acto del 24 de setiembre, donde confluyeron las columnas de organizaciones de los movimientos sociales de desocupados que responden al papa Francisco (CTEP, CCC, y Barrios de Pie) en conjunto con la CTA de Yasky y Moyano.

Entre otras cosas porque la caracterización política de Macri como un neoliberal desalmado, oculta lo que realmente hace el gobierno en relación con los “más pobres”.

La consolidación, durante la era kirchnerista, de la gigantesca sobrepoblación relativa que emergió por primera vez en los ’90, genera obligaciones políticas que ningún gobierno burgués puede desatender. Sobre todo, luego de la insurrección de diciembre de 2001. Por eso, la estrategia de la burguesía frente a los desocupados luego del ‘Argentinazo’ consistió en desorganizar al Movimiento  Piquetero y sostener el desempleo con planes, subsidios e ingresos precarios.

Por eso, a pesar de lo que los nostálgicos del pasado inmediato y de lo que algunas organizaciones de izquierda suponen, Macri continúa con esta tendencia. Al Igual que Néstor y Cristina, Mauricio no quiere poner en peligro la gobernabilidad. Y el papa Francisco tampoco. Un simple repaso de la evolución del desempleo y la pobreza, junto con la consolidación de los programas de empleo a los desocupados, nos permitirá pensar mejor el problema.

 

DESEMPLEO Y POBREZA

Toda la política de transferencias de ingresos a la sobrepoblación relativa luego del 2001 no ha hecho más que sostener un piso del 30% de la pobreza, sobre la base de una tasa de desempleo real cuya base promedio en los últimos diez años fue del orden del 25%. Con esta realidad se enfrenta cualquier personal político que pretenda gobernar la Argentina de aquí en más.

Durante los primeros seis meses del año 2018, el desempleo y la pobreza aumentaron. La tasa de desempleo oficial, medido por el organismo de estadísticas, sumó en el segundo trimestre de 2018 un 9,6% (cerca de 1,9 millones de personas). Se trata de un porcentaje que supera el 5% de los valores del primer trimestre de 2018, en 3% los valores del segundo semestre de 2016 y que fue superado por última vez en el primer trimestre de 2007.

Por su parte, la tasa de pobreza del segundo semestre de 2018 trepó al 27,3% (12 millones de personas), o sea, un 1,6% más respecto al segundo semestre de 2017. Algunos economistas sostienen que no se trata de una destrucción del empleo, sino más bien de un incremento de las personas que salieron a buscar trabajo como consecuencia de la inflación. Como los salarios ya no alcanzan para sostener la estructura familiar, otros miembros deben ingresar al mercado laboral para llegar a fin de mes. Esta apreciación tiene algo de verdad; la pérdida del poder adquisitivo de las familias obreras es real y eso refuerza la mayor intervención en el mercado de trabajo del resto de sus integrantes.

Lo que no es correcto es considerar que esa población que antes no buscaba trabajo no era desocupada. El desempleo bien medido, contemplando a las personas que no buscan trabajo como población económicamente activa, los beneficiarios de planes de empleo, los desalentados y los obreros que trabajan pocas horas, constituyen un 30% y significan más de 6 millones de personas.

Si observamos la evolución del desempleo en los últimos treinta años, su mayor pico lo encontramos en el año 2002, momento en el cual rondaba en promedio el 40%. Su evolución posterior a la crisis marca un descenso hasta el año 2007, llegando a un piso del 25% que nunca se revierte. Por eso la salida de la Convertibilidad y la devaluación del peso, en un momento de fuerte crecimiento del desempleo, fue acompañada por la entrega de 2,5 millones de planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados. Fue la manera de contener el despliegue del Movimiento Piquetero, controlarlo y, a la vez, fragmentarlo. Por su parte, la recomposición de la economía, aunque relativa, tendió a incorporar desocupados en el mercado de trabajo privado en conjunto con el crecimiento del empleo estatal.

 

DE LA CRISIS DEL 2009 A LA DEL 2018

El kirchnerismo enfrentó su primera crisis a partir de 2007. En los años siguientes la actividad económica se estancó y el empleo dejó de crecer al ritmo de la etapa previa. Los despidos y suspensiones en el sector privado y registrado aumentaron: en los tres primeros trimestres de 2009 se destruyeron 173 mil puestos de trabajo y en el segundo trimestre de 2014, unos 59 mil, según los datos del Ministerio de Trabajo. Por supuesto, durante el inicio del mandato de Mauricio, la pérdida de puestos de trabajo en los primeros tres trimestres de 2016 fue de 119 mil. Si bien la destrucción del empleo en el sector privado y registrado fue revertida parcialmente, en lo que va desde el comienzo de 2017 el proceso se reanudó con más fuerza.

La manera que halló Cristina para poner freno al incremento del desempleo fue aumentar los planes RePro (un subsidio del Estado a las empresas que se encuentran a poco de quebrar y cerrar sus puertas), el empleo público administrativo y nuevos programas de empleo como el Argentina Trabaja, destinado en primera instancia a 150.000 desocupados. A diferencia de la etapa previa, el macrismo no impulsó el crecimiento del empleo público, aunque tampoco achicó el Estado. Luego de la primera tanda de despidos estatales en 2016, la tendencia se revirtió hasta llegar a los niveles de finales de 2015, sobre todo en las administraciones provinciales.

En cambio, la estrategia de contención del desempleo por la vía de los programas de empleo no solo se mantuvo, sino que aumentó. Los planes Argentina Trabaja llegaron a 175 mil desocupados en 2017. A su vez, luego de la sanción de la Ley de Emergencia Social, impulsada por la CTEP, CCC y Barrios de Pie, se creó el Salario Social Complementario que incorporó a beneficiarios de otros planes ya existentes como nuevos preceptores. Al primer trimestre de 2018, sumaban un total de 187 mil asistidos.

El gran caballo de batalla de Cristina fue el impulso de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en 2009, un subsidio para la fracción no registrada de la clase obrera y los desocupados, que benefició entre su lanzamiento y el 2015 de 3,3 a 3,6 millones de niños. Por su parte, el macrismo universalizó la AUH e incorporó al beneficio a titulares monotributistas, razón por la cual la asignación elevó su asistencia a 4,1 millones de niños en 2018.

A estos planes y programas cabe agregar la asistencia al consumo por la vía de los “Precios Cuidados” y el “Ahora 12”, ambos impulsados por Cristina. El gobierno de Cambiemos lanzó un programa de devolución del IVA en 2016. Se trata de un reintegro del 15% para compras que no superen los 300 pesos mensuales a jubilados, pensionados, empleadas domésticas titulares de la AUH y el PROGRESAR. La cantidad de beneficiarios en mayo de 2018 alcanzó a 1,4 millones de personas.

No obstante, todos estos programas dirigidos para evitar una mayor caída del consumo se han visto limitados por el ascenso de la inflación y el incremento de la tasa de interés. En síntesis, si contabilizamos a los beneficiarios de la AUH, el PROGRESAR, Planes de empleo, Seguro de desempleo y Pensiones No Contributivas, el resultado es contundente; entre 2009 y 2018 el promedio de asistidos por año fue de 6,5 millones de personas. Se trata de una cantidad gigantesca de población sobrante y pauperismo consolidado, por lo que, de achicarse el presupuesto destinado a su contención, probablemente se produzcan grandes estallidos sociales.

 

EL GASTO SOCIAL NO SE TOCA POR AHORA

Si observamos el gasto destinado a las políticas de transferencias de ingresos y programas de empleo dirigido a las fracciones de la sobrepoblación relativa (sin tener en cuenta jubilaciones, empleo estatal y otros beneficios), la evolución muestra una tendencia al descenso entre 2004 y 2008, pero a partir de 2009 un aumento sostenido hasta el primer trimestre de 2018. Ahora bien, el monto percibido por cada persona o bien tiende a disminuir sustantivamente (en los planes de empleo o desocupados) o bien tiende a estancarse en términos reales como, por ejemplo, la AUH, cuyo valor, al mes de setiembre de 2018 fue de 1.684 pesos, representando apenas el 16% del salario mínimo vital y móvil.

Ahora bien, ¿qué va a pasar con la evolución de las transferencias de ingresos y planes de empleo a los desocupados en el segundo semestre del año y de cara a las elecciones de 2019? Con la elevada inflación, es probable que el poder adquisitivo tienda incluso a disminuir aún más, razón por la cual se espera una mayor tasa de pobreza para el segundo semestre de 2019. A su vez, en un momento de recesión económica y estancamiento del mercado de trabajo, el mismo gobierno ya reconoce que todos los índices van a empeorar.

No obstante, el macrismo cuenta con algunas estrategias para contener la pobreza y el desempleo. Si bien promete una reducción del déficit fiscal, no parece estar dispuesto a reducir sustantivamente el gasto social, sobre todo el que va destinado a la sobrepoblación relativa. Por empezar, el borrador del presupuesto de 2019 introduce un ajuste sustantivo a todos los ministerios con excepción del de Desarrollo Social, el cual tendrá una leve reducción del 0,5%, en caso que la inflación estimada por el gobierno no supere el 35% anual. Además, ya cuenta con una cláusula del FMI según la cual, en caso de necesidad, podrá utilizar fondos para el gasto social.

Por otra parte, el macrismo cuenta con las mismas estrategias que utilizó Cristina para contener la crisis que se inició en 2007; el aumento a las retenciones, a las exportaciones y el ajuste a la clase obrera registrada mejor paga a través del impuesto a las ganancias. En este sentido, en los tres años que lleva el macrismo en el gobierno, la cantidad promedio de obreros alcanzados por ganancias superó en 500 mil a la cantidad de los últimos  dos años del kirchnerismo.

A su vez, ahora se aplica la reducción de deducciones de ganancias para aquellas familias que tienen más de un hijo y donde ambos trabajadores son alcanzados por el impuesto; mientras que antes se deducía por los dos hijos, ahora solo hacerse por uno. Es decir que Macri relanza el reciclado de plusvalía en el seno de la clase obrera para contener el desempleo, tal cual lo desarrolló el kirchnerismo mediante la no actualización del mínimo no imponible.

 

¿TENEMOS MACRISMO PARA RATO?

En una economía en recesión y estancamiento de la actividad, con desempleo y pobreza crecientes, más de uno sospecha e incluso espera la salida anticipada de Macri. Sin embargo, la marcha de la economía y las elecciones no siempre van de la mano. Por ejemplo, Menem obtuvo su reelección en 1995 con el 50% de los votos, en un año donde la pobreza pasó del 18 al 24% y el desempleo más abierto aumentó de un 23 a un 31% de un año a otro. Por su parte, De La Rúa obtuvo la presidencia en 1999 con un 48,3% en un año donde la pobreza rondaba el 27% y el desempleo el 30%. Dos años después, la lucha de clases se impuso y lo echó del gobierno. Entre la reelección de Menem y la renuncia del representante de la UCR, el Movimiento Piquetero se organizó con una estrategia independiente del régimen político.

La lección es clara: con una clase obrera desorganizada por doce años de bonapartismo kirchnerista, sin respuesta ni reacción frente al ajuste; con una oposición dividida y sin una alternativa independiente como la que encarnó el movimiento piquetero, la idea de que Macri se marche anticipadamente o que resulte derrotado en las próximas elecciones, es discutible o, por lo menos, no puede deducirse automáticamente. Menos cuando ha heredado instrumentos y experiencia probados por el kirchnerismo y mantiene una relación aceitada con el nuevo propietario del consorcio de organizaciones sociales que hoy domina la escena, el papa Francisco. A través de ese vínculo, que une a Vidal y Stanley con Cáritas, la CTEP, CCC y Barrios de Pie, el macrismo tiene al ex movimiento piquetero bajo control. Urge romper esa alianza y ello requiere, más que esperar que el ajuste provoque el estallido, reorganizar el movimiento piquetero. Solo una nueva Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados puede darle a la crisis otra dirección y, por ende, otro resultado político.

  

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