15/03/2019

EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDITORIAL

14 de Marzo de 2019            

 

          Una de las consecuencias que tiene un país cuando cae por el agujero del conejo y se encuentra viviendo en el país de las maravillas, es la incapacidad de poder reaccionar ante hechos que en otros lados, tal vez en otros tiempos, habrían significado la caída de un gobierno, la insurrección popular exigiendo transparencia, y por sobre todo, que la justicia actué para enjuiciar a los responsables. Como (salvando las distancias, por supuesto) hizo Islandia, que en la crisis financiera del 2008 no solo dejo morir a sus tres grandes bancos, o sea, dejaron que quiebren, sino que además metió presos a toda la cúpula de esos bancos como “parte responsable en la crisis financiera”.  Y algo aprendieron porque además Islandia,  a causa del último escándalo mundial de Panamá Papers, hizo que Sigmundur Davíð Gunnlaugsson, que para entonces ocupaba el lugar de Primer Ministro de Islandia en 2016, renuncie por develarse que figuraba como evasor fiscal de millones de dólares en las offshore.

 Pero acá, tener una cuenta en un paraíso fiscal técnicamente no es un delito, el mayor evasor de la historia argentina nos sigue gobernando y un juez va al congreso y cuenta con nombre y apellido las tareas de inteligencia que se hacen en este país y que involucra jueces, abogados, periodistas, servicios de inteligencia, ministros… En fin, probablemente nunca se vio y escucho algo así en la Cámara de Diputados.

Y no pasa nada.

O lo que pasa no es suficiente, no supera la indignación de los que se enteran, y reina la indiferencia de una mayoría que lee los diarios y ve que la noticia aparece chiquita a pie de tapa, informada además como si fuera una nueva maniobra del comando iraní-venezolano-mapuche K que mato a Nissman, y ahora quiere  desprestigiar una investigación contra los corruptos que se robaron 2 PBI y cosas así. Es bizarro ver como los mismos argumentos de transparencia son utilizados por el gobierno, primero para hacerse del poder y luego para fundar la idea de que ellos son los honestos, los justos, los moderados.

Y los que compraron este cuento, a esta altura ya no saben qué pensar, porque hay que hacer un gran esfuerzo para seguir sosteniendo esto, y además a nadie le gusta quedar como boludo, seguramente estarán enfurecidos al saber que todos se le ríen a las espaldas y comentan: “Este voto el cambio y ahora no le alcanza ni para irse de vacaciones a Berazategui.”  Aunque en verdad nadie se ríe ya, porque no importa de qué lado estés de la grieta, todos somos víctimas de este saqueo que están llevando a cabo. Y sin embargo, a pesar de que muchas heladeras son como la luna tucumana, porque alumbran  y nada más, así y todo, vivir en el país de las maravillas hace que no reaccionemos como deberíamos y ahora olvídense, año electoral, esto se resuelve en las urnas, civilizadamente, porque el pueblo, aparentemente, solo elige a sus representantes y no tiene ninguna herramienta más para decidir el destino de su país.

Y así es como nos ganan, no nos instruimos, no nos conmovemos, no nos organizamos.  Hay que recuperar ciertos relatos, ciertas certezas que en algún momento de este país fueron pensadas por personas que ante todo, sabían muy bien, quién era el enemigo.

Arturo Jaureche: La oligarquía es una minoría ínfima en este país, sí; pero su mayor poder es ser dueños de las cabezas de miles de argentinos de clase media, que, sin tener más tierra que la cantera del patio, se comportan como fieles defensores de un modelo que no les pertenece.

 

   

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