14/02/2019

Venezuela y el álbum de figuritas

 

 

 

 

 

 

 

 

POR PABLO TASSART

              La situación en Venezuela está, y pareciera que estará eternamente, en la encrucijada de apoyar una intervención imperialista de algún tipo o dejar que su pueblo muera de hambre o de un resfrío a manos de un gobierno desquiciado e incompetente.

Esta contradicción hace que a muchos se nos haga casi imposible emitir una opinión a favor de cualquiera de las dos posiciones. Y hasta pareciera lo más prudente mantenerse al margen de una situación que a la distancia no manejamos y que, además, de la mano de sentimientos personales e ideas políticas, podría dificultarnos el sano juicio.

Sin embargo, hay quienes se animan a sentar posición. Muchos que hace años no viajan a ese país y otros en su vida lo hicieron. También están los que fueron en visita oficial, rodeados de las mieles y comodidades estatales. Todos creen que pueden opinar y principalmente señalar a quienes no piensen como ellos.

Ya había pasado cuando finalmente Bolsonaro ganó en Brasil. Hubo estupor en América Latina, no tanto en el propio Brasil -porque en definitiva alguien a este mamarracho lo votó-, pero sí en el resto de los países. O más precisamente en el nuestro… bah en realidad en el circulo de progresistas bien pensantes que les urge preocuparse por todos los males del mundo y por supuesto expresarlo en las redes.

Hordas de buenazos bien pensantes argentos se abalanzaron a sus teclados a expresar con autentico dolor de red social: “estamos en el horno”.

En esa verborragia no dudaron en salir a apoyar efusivamente a Fernando Haddad, el candidato elegido por Lula. No importó mucho que el PT haya sido el responsable de la alianza que llevo a Michel Temer, el viejo traidor y hasta hace poco enemigo público Nº1, a acompañar a Dilma Rousseff como vice presidente. Tampoco importó demasiado que este candidato haya asegurado ser amigo personal de Mauricio Macri. Nadie se preguntó cuál era la opinión del, en su momento, vanagloriado Movimiento Sin Tierra. Nadie se preguntó por qué las calles paulistas se habían llenado en contra de Dilma meses atrás. Nadie analizó las medidas de ajuste de la heredera de Lula. En definitiva, nadie se quiso preguntar por el pueblo (sí, ese q a veces “nunca se equivoca”) había votado como había votado. Había que apoyar a Haddad y listo.

Ojo, no es que a la vista de los hechos Haddad hoy no sea preferible, pero es muy interesante, en esta competencia por el no pensamiento, repasar la deriva que ha sufrido la progresía argentina (porteña, quizás, para ser más justos) en esta necesidad acuciante de pronunciamientos internacionales.

Y es así como no se sonrojarán al recordar que hubo quienes justificaron las masacres stalinistas en post de la lucha contra el imperialismo yanqui. O comunistas argentos que dijeron que “lo de Videla no estaba tan mal, porque si gobernaba Massera la cosa iba a ser peor”. O cuando, ante la invasión americana a Irak, algunos girtaron “viva Saddam” en 2003. Más cerca en el tiempo también apoyaron al líder Kadafi ante la intervención extranjera en Libia. “Tortura pero hace”, casi que decían los viejos setentistas recordando aquellos años de esplendor y nacionalismo arábico. También más acá todavía, en un curioso mecanismo de resucitación de la cortina de hierro, los cráneos decidieron que la “onda” estaba en declararse fervientes apoyadores de Al Bassar en Siria, al entender que como Vladimir Putin lo bancaba y esto hacía rabiar al gobierno estadounidense, los estudiantes de sociales de la UBA, además de estar obligados a escuchar a La Mancha de Rolando, ver a Bombita Rodríguez, leer a Felipe Pigna y mirar Paka paka, también debían apoyar a ese tirano que ni la mitad de su pueblo soporta.

Algo similar sucedió cuando desalojaron de la presidencia a Fernando Lugo en Paraguay. Al buenazo del sacerdote lo rajaron mediante una argucia parlamentaria. Fue interesante ver como en Baires cientos de argentos, también buenazos, salieron a las calles a repudiar el hecho. Pero lo más interesante fue enterarse que había más gente en las calles por estos lares que en la propia Asunción. La indignación y el desconcierto fue doble. Nadie quiso enterarse que quienes lo rajaron fueron sus propios aliados a quienes el mismo Lugo en los últimos tiempos había dado más poder dejando de lado a los sectores campesinos que ya no confiaban en él. Nadie por aquí se enteró de este detalle, o no quisieron. Sólo querían poder decir “sssunescanbdalo-que barbaridad” y volver a sus teclados.  

Así es como hoy nuestro micromundo bien pensante progresista se dirime entre apoyar a Maduro, por más que Venezuela no se parezca en nada al país que gobernó Chávez o condenar enérgicamente a quien no condene al “régimen” por más que detrás haya un ejército de buitres internacionales listos para sacar la tajada más jugosa de ese país.

Pareciera que a nadie le importan las evidentes contradicciones que surgen del caso. Pareciera que pocos ven que detrás de los titulares tendenciosos de cada medio hay miles de personas que huyen o mueren en aquellas tierras.

Es como si Eduardo Sartrelli o Rolando Astarista, cada vez que exigen de plano la condena al gobierno de Maduro no supieran de las presiones de EEUU o de la sonrisa que se dibuja en las caras de los Macris y los Bolsonaros de la región. ¡Pero atención! Que a su vez del otro lado hay quienes creen que pueden decirles a los ciudadanos venezolanos cómo hay que vivir en aquel país desbastado. El ejemplo de Gabriela Cerruti asegurando que en Argentina se vive peor que en Caracas si cobras el salario mínimo, habla por sí solo.

Quizás no estén enterados de todo esto. ¿Será ese el problema? En la era de la información, la falta de la misma quizás los ciega o los paraliza. Y ante esa sensación de parálisis reaccionan con apoyos espasmódicos a lo que sea que ande por ahí.

Debe ser eso, porque si no resulta curioso esta gente tan informada de lo que pasa en el mundo no digan una palabra de las persecuciones que hace el presidente de Siria de la guerrilla kurda PPK, autonomista, socialista y con fuerte participación femenina.   

Debe ser eso, que hay veces que no están enterados. Sino no se entiende por qué tanto dolor por lo que le suceda al pueblo brasileño o la indignación por el golpe/casi golpe institucional-no militar del payaso Guaidó, y ni una palabra sobre los 25 años que Othacehe gobernó con puño de hierro la localidad bonaerese de Merlo. ¿O alguna vez viste a alguien decir “estamos en el horno” cuando es electo Gildo Insfran en Formosa? ¿Y una fotito de perfil que diga “somos todos salteños” cuando Juan Urutbey decidió permitir la religión en las escuelas públicas de su provincia? ¿O un “me duele San Juan” cada vez que José Luis Gioja es electo senador y se niega a votar la legalización del aborto comparando a la mujer con una parra de uvas?

“Por suerte el mundo queda tan lejos” dijo una vez Susanita al ver el noticiero con Mafalda. Y por suerte como queda tan lejos podemos decir cualquier cosa que nos quede cómoda, dirá la progresía argentina. Porque si quedara más cerca, el mundo sería demasiado parecido al conurbano, por ejemplo, y ahí el álbum de figuritas, ese que algunos ilusos quieren dividir entre “bueno y malos”, sería bastante más difícil de llenar.

  

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