15/01/2019

SIN PECADO CONCEBIDA

 

 

 

 

 

 

 

 

Por REGINA SIPMAN   

Abolición de la sexualidad, el parentesco, el azar, la identidad: el espíritu de las biotecnologías condensa un amplio conjunto de supresiones. Asistimos a una época sesgada por un fetichismo genético. Historias de un mundo que ya llegó y nos llena de capciosas paradojas.

       “Hijos de Pandora” o “Niños de probeta”: todo empezó en 1978 con el nacimiento en Inglaterra de una niña mediante una técnica de reproducción asistida, la fertilización in vitro. Desde entonces los cambios y sofisticaciones se sucedieron sin pausa. En 1983 nació el primer bebé de un embrión congelado; en 1997 Liz Buttle  dio a luz a los sesenta años y en 1998 Diane Wood tuvo un hijo a partir del esperma congelado de su fallecido esposo.

 

¿MADRE HAY UNA SOLA?

Dentro de las novedades en fecundación asistida se encuentra ManNotIncluded.com (Hombres no incluidos), el banco de semen virtual que es éxito entre solteras y lesbianas. Desde su página web se puede elegir el esperma de un donante anónimo especificando, entre otras cosas, el color de la piel, la estatura, el cabello, la cualificación laboral y los hobbys del donante. Aún no existe registro de espermatozoides que opten por el tenis o tengan handicap en golf.

Otro tipo de anuncios que prolifera en Internet es el de jóvenes que ofrecen su vientre en alquiler. Todas destacan que han sido mamás de hijos sanos: su descendencia es la prueba viva de su potencial como recipientes. Uno de los primeros casos difundidos fue el de la actriz Sharon Stone, quien mientras filmaba la segunda parte del film “Bajos instintos”, tuvo a su segundo hijo, gestado en el vientre de una madre de alquiler. Su panza chata, inmaculada, sin arrugas ni estrías brillaba en la pantalla al tiempo que “daba a luz” a su hijo. Como todos los padres varones, que fuman en la sala de espera y ven nacer a su hijo sin haberlo llevado en el cuerpo, la rubia asistió al parto y le dio la bienvenida a su recién nacido. Casi el paraíso soñado por las primeras pensadoras feministas que sostenían que la superación de la división sexual del trabajo sólo sería posible cuando la mujer se liberase de la función reproductiva (aunque no imaginaban vientres ajenos sino precisas incubadoras mecánicas). También el cantante Michael Jackson recurrió al alquiler de vientre, y en nuestro país fue pionero Rolando Hanglin, quien contó la experiencia en su libro “Esperanza por encargo”.

Sin embargo, estos contratos han suscitado más de un inconveniente. Puede darse el caso de que el bebé nazca con alguna anormalidad y que la madre biológica o genética no quiera recibirlo, o que – entre los casos más comunes- la mujer que llevó a término el embarazo no quiera entregar al bebé que pateaba en su vientre. En la Argentina, según el Código Civil, un hijo es de la madre que lo trajo al mundo (la que pujó en la sala de partos), y no existe jurisprudencia que avale lo contrario. Con lo cual, un niño nacido de una madre subrogante se inscribe como suyo y del padre biológico – si no se trata de un donante de esperma anónimo – y luego la madre biológica realiza la adopción por vía legal (aunque en este tipo de acuerdos abundan las falsas partidas de nacimiento).

 

YO TAMBIÉN FUI UN ESPERMATOZOIDE

¿Puede que un hombre, tras una donación de esperma, sea reconocido como padre biológico de cientos de personas? De haber eyaculado en una relación sexual, a lo sumo la consecuencia hubiera sido un vástago o un número bastante limitado de hijos mellizos. Pero el frasquito repleto de esperma contiene a millones de cabecitas con cola capaces de ser manipuladas, congeladas y puestas de nuevo a descongelar (después de todo ¿a quién no le sobra una cubetera?). Si el esperma es utilizado en varias fertilizaciones en clínicas de la misma zona, el incesto, desde entonces, podría estar siendo moneda corriente. Fortuna siempre quiere que exista algún habitante de Tebas con ánimo de involucrarse con polleras inconvenientes. Pero los naipes de Edipo guardan todavía un treinta y tres en la manga para cantar “falta envido”. La norteamericana Tina Cade, a sus 55 años, dio a luz a tres nietos, tras un implante de embriones creados con óvulos de su hija y el esperma de su yerno. ¿Existirá un supra Edipo esperando ser construido por los afortunados trillizos?

 

EL KU GEN KLAN

Abolición de la sexualidad, el parentesco, el azar, la identidad: el espíritu de las biotecnologías condensa un amplio conjunto de supresiones. Asistimos a una época sesgada de fetichismo genético. Al punto tal ha llegado la “genomanía” que un estudio realizado en Gran Bretaña reveló que una de cada tres británicas nunca o casi nunca logran un orgasmo y que, según los investigadores, el 34 por ciento de estos problemas son de carácter genético. Ni pudor, ni complejizaciones (represivas o no): sólo genes. La genética olvida que la humanidad, histórica y socialmente determinada, es algo bien distinto al reduccionismo en torno a la molécula de ADN y a la fantasía del poder que esta encierra. Si todo sigue su curso, sin intervenciones, de seguro la selección natural deparará nuevos Mozarts como exquisita sorpresa. Debería bastar el dato de compartir con los chimpancés el 99% del patrimonio genético, para erradicar la maleza genetista que crece en torno a los nuevos ideales de perfección humana. ¿O fueron acaso los genes de Van Gogh – tan loco él, tan “imperfecto”- los que volaron de gozo al pintar sus encrespados girasoles?

 

LA MUERTE LE SIENTA BIEN

La maternidad y paternidad post mortem es actualmente la rama de la fecundación in vitro furor en todo el globo: mujeres que congelan sus óvulos inseminados para preservar una futura maternidad y dejan testamentos para que a su muerte sean inseminados en otra mujer; padres que sabían que su hijo recién fallecido era donante de un banco de semen y exigen una muestra para garantizarse nietos; marines que mueren en combate y sus esposas se inseminan su semen congelado – los bancos de esperma estadounidenses ofrecen a los militares tarifas promocionales -; parejas que se divorcian y se disputan el destino fértil o infértil de sus embriones congelados, y hasta el caso de una mujer que quiso ser inseminada tras extraer esperma de su marido que lleva once años en coma. La ciencia se vuelve cada vez menos fundamental al tiempo que las demandas del público ya no son necesidad sino deseo imposible. Una ambición que la ciencia posibilita o hace creer como factible.

 

EL ARCA DE NOÉ

El Repository for Germinal Choice fue una institución fundada en 1980 en California, conocida como el “Banco de Semen de Genios”. La idea de su fundador era reunir el semen de los mejores intelectuales (entre ellos el premio Nobel de Física William Shockley), reconocidos artistas y músicos del mundo, y ofrecerlo a quienes quisieran tener hijos con potencial de genio. Un investigador realizó un seguimiento de los niños nacidos de ese banco de esperma llegando a la conclusión de que – aunque no hay aún “genios” entre ellos – todos estudian, son saludables y practican deportes, lo cual es bastante previsible considerando que pertenecen a familias de clase media-alta norteamericana y han recibido una buena alimentación, atención médica, un hogar seguro y la oportunidad para desarrollarse. En efecto, cualquier niño prosperaría en dicho ambiente.

Pero la teoría de lo innato se ha impuesto sobre lo adquirido: como si el determinismo genético fuese único destino. Un tosco Darwin parece ganarle la pulseada a la segunda tópica de Freud. La tendencia a la eugenesia – esta obsesión por la pureza del gen – es cada vez más evidente. A la genética ya no le basta curar, quiere engendrar al superhombre. Como los embriones están allí en la probeta, generan la tentación de escoger el mejor: una medicina de procreación selectiva, el encuentro fatal entre las nuevas tecnologías y el viejo deseo de “que sea sanito”. ¿Mejor entonces traer hijos “asistidos” que concebirlos piel a piel, a la usanza tradicional? Como en la ficción de Aldous Huxley, sólo los proles (los desclasados) se reproducirán naturalmente mientras las clases acomodadas serán engendradas de manera artificial (en “Un mundo feliz” la sola idea que un hijo se anidara en un vientre resultaba repulsivo). Y aunque hasta ahora las mujeres que recurren a  técnicas de fecundación asistida lo hacen por no poder llevar adelante un embarazo por problemas físicos, ya llegarán quienes no estén dispuestas a padecer el estampido de hormonas de la gestación. El mito bíblico de los niños concebidos sin pecado y nacidos de madres inmaculadas resulta en la actualidad una profecía factible. La tendencia genética dictará que la mejor sexualidad deberá ser estéril (fáctica o idealmente). El deber en tanto padres dictaminará el fin de la concepción al azar para garantizar una descendencia con mejores posibilidades. Ya hay casos de niños en EE.UU. que llevan a juicio a sus padres por haberlos dejado nacer a sabiendas de tal o cual disminución. Ya habrá quienes los demandarán por no haber sido modificados para gozar de las ventajas que se merecían.

 

TE DOY MIS OÍDOS

De seguro quienes pensarán iniciar una acción legal contra sus madres serán los hijos de Duchesneau y McCollough, una pareja de lesbianas que recurrió al semen de un hombre sordo de quinta generación para asegurarse que sus dos hijos nacieran sordos también. Y lo lograron. La familia vive en los alrededores de Washington, cerca de la Universidad de Gallaudet, la única en el mundo que sólo acepta estudiantes sordos y de las que ambas fueron estudiantes. Allí también encontraron al donante, imposible de conseguir en un banco de esperma ya que excluyen por norma a donantes con discapacidades.

Según ellas la sordera no es algo negativo y prefirieron que sus hijos compartieran en mismo lenguaje de signos y la misma forma de vida. Acusadas de haberles asignado a priori una minusvalía, ellas replicaron: “También los negros tienen más dificultades sociales que los blancos y a nadie le extrañaría esa opción genética”.

Eso sí, sus hijos jamás podrán disfrutar del dulce y melancólico fraseo del buen jazz.

  

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