15/01/2019

MANTENERSE HUMANO

 

 

 

 

 

 

 

 

Por JUSTO LAPOSTA

“Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano”.

Pensamiento poderoso. Aforismo. George Orwell. Quizás sea la síntesis de su obra maestra: 1984. Pone en duda el mismísimo instinto de supervivencia, que según la psicología, está antes que nada. No importa mantenerse vivo, importa mantenerse humano. Es una postura ética.

Cómo mantenernos humanos en un mundo fuera de control. El espectáculo democrático internacional, es un síntoma más que preocupante del estado de salud humano. La derecha rancia y conservadora llega al poder agitando un discurso violento, machista, racista y perturbador. “En el fondo es lo que la gente quiere”, se escucha por ahí. En realidad es al revés. Es lo que le hicieron querer a la gente. ¿Y cómo se puede hacer eso? Con grandes dosis de odio. Opereta para desclasados. Y aparece alguien que te habla de frente y te dice que va a terminar con todo ese odio, que va a hacer lo que nadie se animó a hacer.

Te enferman. El odio es una enfermedad. Después aparece el doctor con la medicina. Más venenosa que el odio. El miedo. Agonía desesperante.

Lo difícil es mantenerse humano dijo Orwell. Cuanta verdad. El odio y el miedo te mantienen en los márgenes de la humanidad. No te dejan pensar, destruyen tus afectos, tus lazos, tus vínculos. Quedás ensimismado en vos mismo, en un narcisismo egoísta exacerbado. Lo importante es sobrevivir, dice el más básico de nuestros instintos. Los Jíbaros tomaron el poder y redujeron nuestros cerebros a sus funciones primigenias: cerebro reptiliano. La humanidad te la debo.

Lo difícil de creer, es que gente tan pobre a nivel humano sea elegida por las mayorías para asumir un compromiso tan grande. A menos que seamos tan ingenuos de creernos eso de que nos permiten elegir en cuestiones tan importantes. La ilusión del poder delegado y representativo es funcional a la impunidad, y carga las culpas al otro.

La culpa es de la gente que votó, y no de la incompetencia y/o perversidad del que ejerce el poder. Y los que no votaron a uno le echan la culpa de sus males a la otra parte del electorado. Es imposible saber qué hubiese pasado si ganaba el otro candidato, y en definitiva tampoco sabemos el verdadero resultado de las elecciones. Es casi un acto de fe.

Generalmente hay que elegir el mal menor, pero mal al fin. La cara más deshumanizada de la política volvió en sus peores versiones históricas. Traficantes, contrabandistas, oligarcas despiadados, empresarios perversos.

Ellos harán difícil que te mantengas humano. Muy difícil.

 

“Toda la propaganda de guerra, todos los gritos y mentiras y odio, provienen invariablemente de gente que no está peleando”.

Otra frase del gigantesco Orwell.

Los medios de comunicación, que son los grandes propagandistas (y asesinos a sueldo) de la Guerra psicológica, las mentiras y el odio, pasaron de ser el cuarto poder a ser El Poder. Salvo poquísimas excepciones, nadie se atreve a enfrentarlos. Te crucifican públicamente entre aplausos. Es casi imposible desmentir una falsa noticia publicada en un gran medio. Es una mancha indeleble. Juzgado de última instancia.

Se metieron en tu cabeza como un parásito ventrílocuo. Te hacen decir, desear, hacer, por acción u omisión. Ellos no pelean. Los Señores de la guerra nunca pelean. Para eso estás vos, en un teatro de operaciones donde el enemigo es tu amigo, tu familia o el vecino. Nunca el Señor de la guerra, que se ríe del desclasado descalzo que cree que el rico no va a robar.

Redes sociales. La grieta más descarnada. Todos señalándose con el dedo, echándose culpas, gritándose, insultándose y humillándose, como si estuviesen haciendo la revolución en la Bastilla. También está esa especie inextinguible del “Regimiento de empujadores y del Batallón de animémonos y vayan”, como gustaba llamar Arturo Jauretche a los que foguean el quilombo y esperan que los demás hagan. Gente que no está peleando, ni va a pelear, ni sabría cómo hacerlo. Están esperando con las esperanzas muertas a alguien que cambie las cosas. Están en contra de la violencia pero justifican el gatillo fácil, custodio de la propiedad privada. Son ProVida hasta que el bebé nace. Les indigna la pobreza pero no sus causas. Creen en la educación pero piden más cárceles. Hipocresía que se ha hecho inconsciente, contradicciones adoctrinadas, hechas instinto por la maquinaria propagandística. Es todo un proceso de deshumanización.

Por eso lo más difícil es mantenerse humano. Y para mantenerse humano hoy hay que pelear. Y para pelear hay que dejar de gritar, de odiar, de mentir; hay que extirparse ese parásito ventrílocuo que nos tiene en estado vegetativo.

 

Cierro con otra frase del maestro Orwell:

“Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse revelado, no serán conscientes. Ese es el problema”.

  

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