20/11/2018

EL EFÍMERO SUEÑO DE LOS AÑOS SESENTA

 

Por ARIEL STIEBEN

Acerca de la novela de Philip K. Dick que inspiró la película de Ridley Scott. 

Como corresponde, tanto el protagonista de la novela original de Philip K. Dick (Sueñan los androides con ovejas eléctricas) como el de la adaptación al cine de Ridley Scott (Blade Runner) se llaman igual: Rick Deckard. Una diferencia importante, sin embargo, es su estado civil. En la novela el hombre está casado y quejumbroso, y en la película es un soltero solitario, en la tradición del investigador privado de la serie negra que el film sigue en su vestuario, estilo visual y hasta en la voz en off en primera persona (eliminada por Scott cuando pudo editar una versión de director).

       Dick escribió el libro en 1966 y lo publicó en 1968. Fue uno de los tantos puntos altos de los años ‘60, donde dio un salto hacia arriba en la calidad de su obra. La producción siguió siendo altísima; era un campeón de velocidad para tipear en la máquina de escribir y sobre todo para seguir la velocidad de su cabeza. En un reportaje declaró que escribía con las manos en vez del cerebro, una forma esquinada de hablar del inconsciente.

El cambio lo provocó una nueva mujer, Anne Williams Rubenstein, reciente viuda y madre de tres hijas, a quien conoció en 1958, con un deslumbramiento primero en la conversación y después en lo afectivo. Comenzaron con gran energía y placer, y Dick reveló ser un padre excelente: las hijas trataban de comprenderlo incluso cuando la relación empezó a hundirse con violencia mutua, cinco años después. Se casaron, tuvieron una hija propia y trataron de adaptarse. Dos elementos claves del declive fueron la negativa de Anne a dejar que Dick participara en la venta y fabricación de joyas que ella fabricaba artesanalmente y los cambios de estado de ánimo y opinión intensos de Dick. Para él, fue su tramo de vida familiar más extenso. También  el período de su primera visión enorme y repetida: un rostro maligno gigante en el cielo, que lo miraba.

En la década del ‘60 Dick escribió, entre otras, Confesiones de un artista de mierda (1959), El hombre del castillo (1961), Tiempo de Marte (1962), Dr Bloodmoney o Cómo nos la apañamos después de la bomba (1963), Clanes de la luna alfana (1963-1964), Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964). El año 1966 fue milagroso , escribió tanto Sueñan los androides… como Ubik, dos obras maestras.

La relación con Anne terminó desmoronándose bajo la violencia creciente en las discusiones y sobre todo cuando Dick empezó a comentar que ella quería matarlo, lo cual (según él) explicaba que la hiciera internar en un psiquiátrico por varias semanas. Ella falleció en 2017, con una memoria publicada sobre la relación con Dick, donde se esfuerza por seguir considerándolo con afecto.

Varias de esas novelas estaban habitadas por mujeres de muy diverso tipo, pero en general divididas en buenas y malas (clásico de la serie negra) o directamente colocando ambos extremos en una misma mujer. El biógrafo Lawrence Sutin ( en el excelente Divine Invasions, de 1989) trazó con esmero sus cambios y carambolas en ese plano.

En el comienzo de la novela Dick planta con rapidez y puntería elementos esenciales: los “climatizadores de ánimo”, por ejemplo, o las “cajas negras de empatía”, donde los habitantes de una Tierra despoblada (casi todos se han ido a Marte después de una guerra) se conectan con Mercer, un Dios paterno. El otro plano que la película recorta es el de los animales eléctricos (o los escasos sobrevivientes orgánicos) que dan pie a la vez a los mejores y más macabros momentos de humor.

El personaje de J.F.Sebastian en la novela es John Isidore, un desdeñado social que trabaja en una compañía veterinaria que se encarga de animales eléctricos y orgánicos. Vive en un inmenso edificio vacío de muchos pisos, donde la presencia del silencio ocupa todo, y subraya cualquier ruido. Como el tonto que es (y por lo cual Dick lo quiere y respeta) imagina que podrá cambiar un poco las cosas, y queda casi demolido por su fracaso en la relación con una androide (replicante, en la película). Lo mismo le pasará a Deckard con Rachael (en Blade Runner, en cambio, es un amor correspondido, incluido en la versión inicial).

Pero, en las páginas finales, esa amargura llena de humor negro por momentos, asciende al trabajoso final feliz de la literatura: Deckard aprende a apreciar a su mujer y hasta logra que Mercer ( bajado de su puesto místico por una especie de payaso televisivo) vuelva a existir. Hasta le devuelve la vida a una araña que, los androides, sin empatía ninguna con los seres vivos, fueron privando de una pata tras otra en una noche siniestra.

Deckard exagera un poco: cree descubrir un sapo orgánico, real, en el desierto. Pero su escéptica y depresiva mujer que ahora lo trata con cariño, le revela que no es más que un sapo eléctrico. Derruido por un par de días de trabajo agotador y angustioso, cae dormido. La mujer llama entonces a un proveedor que figura en las páginas amarillas. Le pide medio kilo de moscas artificiales. Hábil, el vendedor le ofrece “nuestra charca perpetua, salvo si se trata de un escuerzo, en cuyo caso tenemos un equipo completo de arena, piedritas multicolores y seudo-desechos orgánicos”.

Carta que Philip K. Dick le mandó al productor de Blade Runner, Jeff Walker, en 1981, poco antes del estreno de la película y de su propia muerte, en marzo de 1982:

Querido Jeff,

He visto por casualidad en el programa de Canal 7 “Hurra por Hollywood” de esta noche, la pieza sobre Blade Runner. Bueno, para ser honestos, no lo he visto por casualidad, alguien me contó que Blade Runner iba a ser parte del programa y que me asegurara de verlo. Jeff, después de ver, y especialmente, después de escuchar a Harrison Ford hablar del film, he llegado a la conclusión de que, desde luego, no es ciencia ficción y no es fantasía, es exactamente lo que dijo Harrison: futurismo. El impacto de Blade Runner va a ser sobrecogedor, tanto en el público como en la gente creativa y, creo, en la ciencia ficción como campo.Y como llevo escribiendo y vendiendo relatos de ciencia ficción desde hace treinta años, éste es un tema de cierta importancia para mí. Debo decir con toda franqueza que nuestro campo se ha ido lenta y gradualmente deteriorando durante los últimos años. No hemos hecho nada, individual o colectivamente, que pueda igualar a Blade Runner. Esto no es escapismo, es súper realismo, tan crudo, detallado, auténtico y convincente que, bueno, tras esa pieza encuentro que mi realidad normal y actual palidece en comparación. Lo que digo es que todos ustedes pueden haber creado, de forma colectiva, una nueva forma de expresión gráfica y artística, nunca vista hasta ahora. Y creo que Blade Runner va a revolucionar nuestro concepto de lo que es la ciencia ficción y, aún más, de lo que puede ser. Voy a resumirlo de esta manera: La ciencia ficción, lenta e ineludiblemente, se ha conformado con una muerte monótona; se ha vuelto endogámica, derivativa, rancia. De repente, llegaron ustedes, algunos de los mayores talentos que existen actualmente y, dando nueva vida, han dado un nuevo comienzo. En cuanto a mi propio papel en el proyecto Blade Runner, sólo puedo decir que no sabía que mi obra o unas ideas mías, podían ser aumentadas hasta una dimensión tan sorprendente. Mi vida y mi trabajo creativo está justificada completamente por Blade Runner. Gracias…Y va a ser un éxito comercial. Será invencible.

Cordialmente,

Philip K. Dick

  

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