11/11/2018

LA IMAGINACIÓN VIOLENTA

 

Por ARIEL STIEBEN

Los sueños de destrucción y violencia que signan a los personajes de “Los siete locos” y  “Los lanzallamas” de Roberto Arlt, se inscriben en la crisis de valores abierta por la crisis del modelo liberal  a finales de la década del veinte del siglo XX. Se trata de un mundo que ha perdido su fe y que, por lo tanto, ha perdido el sentido de sus actos. Una sociedad desencantada ante formas democráticas de gobierno que no pueden cumplir con los ideales de igualdad social y que busca entonces otra forma de organización y poder.

     Los personajes de Arlt encuentran esa otra forma de organización del poder en la sociedad secreta cuyo sustento ideológico -la “ensalada rusa” de la que habla el Astrólogo- se compone de restos dispersos de los discursos fascistas, anarquistas y comunistas que circulaban en diversos sectores del campo intelectual, a los que se suman los provenientes del ocultismo y la teosofía. El punto de articulación de esos discursos es el imaginario social de la revolución, pues las novelas de Arlt incorporan muchas de las figuraciones y representaciones imaginarias en las que se manifestaron los mitos, los ideales y las ideologías abiertas por la revolución rusa que retomaban, a su vez, la potencia imaginaria del terrorismo anarquista.

Por lo tanto, predominan las dobles identidades, los agentes encubiertos -Erdosain piensa que el Astrólogo podría ser un delegado bolchevique- los liderazgos carismáticos, las relaciones basadas en la obediencia y la traición. Sus personajes son los portadores del mito revolucionario y por eso son conspiradores.

En este sentido, la sociedad secreta funciona como una metáfora del todo social en la que impera la ley del secreto. Ricardo Piglia sostiene que el complot supone una conjura y es ilegal precisamente porque es secreto: su amenaza implícita no debe atribuirse a la simple peligrosidad de sus métodos sino al carácter clandestino de su organización. Como política postula la secta, la infiltración, la invisibilidad, como objetivo, la instauración del terror. De este modo, la sociedad que imagina el Astrólogo tiene como punto de partida una revolución compuesta en “fusilamientos, violaciones de mujeres en las calles por las turbas enfurecidas, saqueos, hambre, terror. Una revolución con una silla eléctrica en cada esquina. El exterminio total, completo, absoluto, de todos aquellos individuos que defendieron la casta capitalista.”Erdosain sueña con ametrallar muchedumbres y pulverizar edificios con el Rayo de la Muerte. Barsut se imagina rociando a legiones de enemigos con petróleo encendido. El Buscador de Oro planea limpiar el planeta de “la inmundicia”. Ergueta, en su delirio místico, sostiene: “Parece que todos los hombres se hubieran vuelto bestias. Dan ganas de salir a la calle y predicar el exterminio o poner una ametralladora en cada bocacalle.”

Esta acumulación exasperada de sueños de exterminio, estas ficciones de exclusión -para decirlo en términos de Josefina Ludmer- que sólo buscan la eliminación de la diferencia, evocan al grupo de revolucionarios nihilistas rusos, el voluntarismo soreliano, la centralidad leninista. Arlt, lector de George Sorel, no obstante exaspera sus tesis sobre la violencia como motor de la revolución y como instrumento necesario para el cambio social enunciadas en “Reflexiones sobre la violencia”, de 1908, pues en Arlt, del enfrentamiento de clases se pasa, en la fantasía brutal de sus personajes, a la imagen del terrorismo generalizado.

Tanto las ensoñaciones del Astrólogo como las de Erdosain están pobladas por las imágenes abiertas por la guerra química de la primera guerra mundial, a través del fantasma de “el gaseado” que acosa a Erdosain. Las novelas incorporan la brutalidad de una concepción de la guerra que extiende la noción del campo de batalla a poblaciones enteras y que coloca a la ciencia al servicio de la muerte. “Lo notable del caso -dice Erdosain- es que todos esos gases infernales los han descubierto honrados padres de familia. ¿Se les ocurrirá a esos químicos que con los gases que ellos han inventado pueden quemárseles en el futuro los pulmones a sus hijos, agrietarles las carnes, vaciarles las órbitas? ¡Qué hijos de puta esos sabios! Lo han dejado chiquito al diablo. Y me jugaría a la  cabeza de que estos químicos, después de dejar sus probetas y máscaras, regresarán a sus casas y abrazarán a sus hijos. A la hora de acostarse, mientras la mujer, desvistiéndose, muestra el trasero en el espejo, le dirán: ´Tenés que ver como progresa la arquitectura atómica de ese gas” ¡Qué hijos de puta! Nada más que cuatro miligramos por metro cúbico. Y el hombre se desmorona como una mosca. Si esto no es economía satánica, que lo diga Dios.”

No obstante, si bien la novela de Arlt se propone la revolución como único modo de alterar radicalmente las relaciones de poder, ninguno de los crímenes imaginados por la sociedad liderada por el Astrólogo significan una amenaza al orden burgués, pues los únicos productos reales de la sociedad son papeles escritos y palabras. Como concluye Glen S. Close: “En el papel, el proyecto luce amenazador, pero se queda en el papel.”

El cierre de “Los Lanzallamas” retoma el procedimiento más clásico de la novela del siglo XIX al narrar los destinos de cada uno de los personajes. Sin embargo, se trata de un final abierto, pues el Astrólogo, considerado un agente bolchevique, desparece de la novela, prófugo, sin que se sepa nada más de él. La fuga del Astrólogo fractura la novela en dos tiempos: por un lado, clausura los sueños satánicos -para usar los términos del mismo Erdosain- de la sociedad secreta con el asesinato de Haffner y el suicidio de Erdosain, pero por el otro, tensiona hacia el futuro el mito revolucionario del que el Astrólogo es único portador. Si muchas veces la crítica pensó en dos novelas dentro de una -la novela de Erdosain y la novela del Astrólogo-  el final de “Los lanzallamas” lo confirma, pues propone un final abierto para la novela del Astrólogo postulando hacia el futuro el mito del que es portador.

 

NOTAS:

 Beatriz Sarlo “Roberto Arlt excéntrico” edición crítica coordinada por Mario Goloboff. Méjico, fondo de Cultura Económica, Colección Archivos, 2000

José Amícola  “Astrología y fascismo en la obra de Roberto Arlt” Buenos Aires, Weimar , 1981

Pablo Ansolabehere “El hombre sin patria, historial del criminal anarquista” “La ley de los profanos” “Delito , justicia y cultura en buenos Aires (1870-1940) Fondo de Cultura Económica Buenos Aires , 2007.

Ricardo Piglia “Teoría del complot” Buenos Aires, Mate, 2007.

Josefina Ludmer “Ficciones de exclusión” en http./www.iacd.oas.org/Interamer/azar.html

Analia Capdevila “Artl , por un realismo visionario”. El interpretador, N27

Glen S. Close “La imprenta enterrada. Baroja, Arlt y el imaginario anarquista” Rosario, Beatriz Viterbo, 2000

  

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