19/09/2018

ADITIVOS QUE NO SUMAN

Por MATÍAS SANCHEZ BOLLA

Los aditivos, generalmente, no aportan ningún valor nutricional, pero sí pueden traer graves trastornos, desde digestivos, hasta neurológicos, pasando por insomnio, úlceras, hiperactividad y un sin número de complicaciones, tantas como aditivos existen. Gran cantidad de estos aditivos son, potencialmente, cancerígenos y estamos expuestos constantemente a ellos, en bajas dosis.

De hecho, existen aditivos específicos que están prohibidos en algunos países de America del Norte y en la Unión Europea, pero aquí, en Argentina, lamentablemente no.

¿Qué entendemos por “aditivo”? 

Un aditivo alimentario es un elemento o sustancia que se agrega, artificialmente, a los alimentos y bebidas con el objetivo de modificar y/o mejorar su estado de conservación, su proceso de elaboración, su textura, sabor, aroma y/o color. 

Nuestro querido físico con tupido bigote blanco y cabellera entrecana desaliñada no vaticinó el uso de su invención para hacer un arma nuclear. Históricamente, se han utilizado la sal y el vinagre como métodos de conservación de los alimentos pero, luego, la desmedida ambición por producir más cantidad de alimentos a menor costo, reducir el tiempo de los procesos naturales (por ejemplo, de fermentación) o aumentar el peso de los alimentos para ganar mayor dinero, han sido prácticas que tampoco vaticinaron los viajeros, allá por el año 1800, al envolver trozos de carne en sal gruesa para conservar sus propiedades durante las extenuantes travesías a caballo o en alta mar.

Lo cierto es que hay muchos aditivos naturales: el limón, para curar preparaciones, el aceite, para conservar alimentos, la cúrcuma y la remolacha para colorear, la sal y el vinagre, entre otros, que no tienen reacciones adversas en el organismo, ni contraindicaciones. No obstante, muchas grandes industrias, con tal de que su producto parezca una gráfica publicitaria seriada en perfecto estado de saturación del color y con sabor y aroma inalterables, han llevado demasiado lejos estas prácticas y han hecho que los aditivos, en realidad, no sumen.

Como en todo rubro, a medida que fueron avanzando las tecnologías y las investigaciones, se fueron desarrollado una gran cantidad de aditivos que pueden clasificarse en las siguientes categorías, de acuerdo a su uso en la industria alimentaria:

            ▪          Acidulantes

            ▪          Antioxidantes
            ▪          Aromatizantes           
            ▪          Colorantes
            ▪          Conservantes

            ▪          Edulcorantes

            ▪          Emulsionantes

            ▪          Espesantes
            ▪          Saborizantes

Cabe destacar que los aditivos, generalmente, no aportan ningún valor nutricional, pero sí pueden traer graves trastornos: desde digestivos hasta neurológicos, pasando por insomnio, úlceras, hiperactividad y un sinnúmero de complicaciones, tantas como aditivos existen. Gran cantidad de estos aditivos son potencialmente cancerígenos y estamos expuestos constantemente a ellos, aunque en bajas dosis.
De hecho, existen aditivos específicos que están prohibidos en algunos países de América del Norte y en la Unión Europea pero aquí, en Argentina, lamentablemente si la vaca es gorda, linda y rinde, pareciera importar más que los trastornos a largo plazo que puedan padecer los que la coman; trastornos que, rara vez, serán atribuidos a su verdadero origen, ya que los efectos colaterales suelen verse por la acumulación de esta sustancia con el correr del tiempo.
Entonces, cuando nos duela el estómago, en vez de decir “debe ser algo que comí”, ir a la farmacia y comprar un antiácido, quizás podemos preguntarnos: ¿Será algo que vengo comiendo?

Ojo, tampoco quiero ser alarmista y que de ahora en más piensen que todo lo envasado da cáncer y que todos los panes en todas las panaderías tienen glutamato monosódico y dejen de comprar pan. Simplemente, sostengo que es más fácil engañar a un ignorante (en el sentido más literal de la palabra: persona que ignora o desconoce cierta cosa, que carece de instrucción o conocimientos.).

Aquí les dejo algunos de los tantos aditivos alimentarios que iré mencionando a lo largo de estas intervenciones literarias:

E223: Metabisulfito de Sodio
Se obtiene de la combustión de minerales con azufre. Es un aditivo sintético utilizado para prevenir la generación de bacterias y evitar la decoloración de los alimentos o mejorar el amasado del pan, entre otras cosas. Los alimentos que pueden contenerlo son: vinos (habrán visto que muchos vinos orgánicos dicen “sin sulfitos”), panes, jugos, encurtidos y barritas de cereal, entre otros.

E621: Glutamato Monosódico (GSM)
Se obtiene mediante la fermentación bacteriana de azúcares residuales, de origen vegetal o animal. Es un aditivo semi-sintético, potenciador del sabor. Los alimentos que pueden contenerlo son: Snacks, sopas en polvo, patés, embutidos, productos derivados de pescados y muchos productos dietéticos que lo utilizan, además, como reemplazo de la sal.

 E151: Negro Brillante (Negro PN o PI)
Es un colorante sintético, derivado nada más y nada menos que del petróleo. Pueden encontrarlo en: caramelos de regaliz, dulces o mermeladas y caviar.

E233: Tiabendiazol. Como su compañero inmediatamente anterior, también puede obtenerse del petróleo o, en este caso, del alquitrán de hulla o del gas natural. Se utiliza para prevenir el moho o la formación de hongos y puede ser combinado con otros fungicidas, tóxicos, obviamente. Lo podemos encontrar en muchas frutas, principalmente en las cáscaras o pieles de cítricos, peras y manzanas. 


Apuesto mi mano derecha a que, alguna vez, han ingerido alguno de los alimentos que mencioné entre cada una de las descripciones, en los cuales se pueden encontrar los aditivos enunciados, que son de una peligrosidad alta y, si sigo escribiendo, quiere decir que la apuesta no la perdí (soy diestro, claro está).

Atención: si ustedes están leyendo estas líneas y no me conocen (primero, gracias) déjenme decirles que soy vegano y me gusta el Campari. Casi puedo escuchar en sus mentes: “¿Y a mí, qué?”
Les menciono esto porque el colorante Carmín (E120i o “Carmín Cochinilla”), que se utiliza en el Campari, se obtiene de aplastar insectos de la familia de la Cochinilla y luego se combina con amoníaco o aluminio, para obtener tonalidades. Por supuesto, también es utilizado en cosmética. Hago mención al veganismo ya que muchos veganos pueden dar vuelta una etiqueta y leer “harina, agua, aceite, semillas de sésamo, colorantes (E120i), levadura” y pensar que el producto es vegano (además de ser una masa insípida con semillas, de color rojo, que Dios sabe a quién se le ocurriría cocinarla) cuando, en realidad, no lo es. 

Todos vamos a morir (¿o no?); muchos de ustedes dirán que de algo hay que morir y eso tiene lógica. Ergo, para que aquello ocurra va a haber una causa. Ahora bien, todos estamos vivos (hasta que nos lleve La Parca) y no sé ustedes, pero yo prefiero vivir lo más sano posible. No estoy proponiendo que dejen de comprar los alimentos que compran siempre, lo que estoy proponiendo es que se tomen 30 segundos para dar vuelta el alimento envasado o enlatado que tienen enfrente y lean lo que contiene. Yo puedo mirar una escalera pero, sólo si la observo, puedo decirles la cantidad de escalones que tiene. Ustedes pueden leer una etiqueta pero, sólo si saben qué significan los E151, E223, etc., van a saber qué es realmente lo que están comiendo.

Por favor, si les quedó alguna consulta o quieren hacerme alguna pregunta, pueden seguirme en mis redes sociales. Les deseo que tengan un hermoso día y que lean muchas etiquetas.


Matías Sánchez Bolla | Chef Vegano
@elviejograciosococina

  

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