14/07/2018

África juega su primera Final Mundial de Fútbol

 

La selección de Francia jugará una final de la copa mundial de fútbol con la mitad del equipo teñido de sangre negra, ésa que cruzó el Mediterráneo. Estos muchachos que juegan a la pelota sólo son la punta del iceberg, miles de los hijos que levantaron la basura del país Franco estudiaron y hoy son científicos, miles de los hijos de los que construyeron París hoy son profesores, ingenieros, arquitectos… Sólo unos pocos se dedican a jugar al fútbol.

Por Alejandro Braile

            “Mansa Musa fue un Rey de Reyes, eso indica su nombre. Fue en el siglo XII en que este Emperador de Malí emprendió una de las peregrinaciones más impresionantes de la historia del hombre. Sesenta mil personas recorrieron 6.500 kilómetros. La particularidad de la caravana residía en que 80 camellos cargaban 136 kilos de oro cada uno.
El hombre más rico de la historia llegó al Cairo e hizo temblar el sistema financiero de la época, la abundancia de oro desató una espiral inflacionaria que el mismo Mansa Musa subsanó solicitando préstamos a los financistas. Mansa Musa quería llegar a La Meca, cosa que logró cuando corría el año 1324. Este africano musulmán, no sabía, no podía sospechar que ese mandato religioso condenaría a su pueblo a la miseria y a la disolución de uno de los imperios más ricos de todos los tiempos.

El oro del imperio de Malí despertó el interés de las potencias europeas, que inmediatamente lo marcaron como un objetivo a conquistar. Ya para el siglo XIX, Francia había tomado el control total e incorporó a Malí al Sudán francés. Recién en 1959 junto con Senegal consiguió su independencia y pasó a ser la République du Malí (República de Malí). Hoy, con casi 14 millones de habitantes, esta república forma parte del grupo de países más pobres del mundo, la mitad de su población vive con menos de 1,25 dólares por día. Los malienses han conocido la esclavitud y la desesperanza que siembra la colonización. La miseria sólo los empuja a pensar en emigrar, fundamentalmente a Francia, país con el que comparten el idioma. El lugar que tiene la sociedad francesa para ellos también es miserable, toda tarea que consideran humillante es asignada a los originarios del continente negro. Sin embargo, algún día estas personas conseguirán su independencia definitiva: será una independencia rara, que no va a estar emparentada con el territorio ni con lo económico; será una independencia con el sacrificio puesto en la descendencia, con herramientas novedosas, educación y sueños prestados del opresor. El francés quedará licuado junto a la sangre que supo derramar en el saqueo colonizador.”

Las palabras de Furibundo Tempo todavía rebotan en el salón de actos de la Escuela 20. Nunca lo sabrá, pero el día ha llegado. La selección de Francia jugará una final de la copa mundial de fútbol con la mitad del equipo teñido de sangre negra, ésa que cruzó el Mediterráneo. Estos muchachos que juegan a la pelota sólo son la punta del iceberg, miles de los hijos que levantaron la basura del país Franco estudiaron y hoy son científicos, miles de los hijos de los que construyeron París hoy son profesores, ingenieros, arquitectos… Sólo unos pocos se dedican a jugar al fútbol.

La mano de obra esclava cambió la economía del planeta, el sacrificio de millones de negros africanos posibilitó el brillo del primer mundo. Lo que no sabían, en este caso, los franceses, es que se estaba gestando una revolución sin tiempo. África juega su primera final, en las tribunas hay gente que besa su camiseta y canta la Marsellesa, todavía no se dieron cuenta de que el azul inmaculado ha tomado una nueva policromía. Los jugadores en el centro del campo de juego levantan los brazos, la multitud ignora que no es para saludar, esos muchachos solo están mostrando que los grilletes han desaparecido.