11/07/2018

Una recta final inesperada – MUNDIAL RUSIA 2018

 
 

Es probable que, al momento en que usted lea esta columna, se esté por disputar el pase de los finalistas al título mundial o incluso se haya coronado ya, por ahí hasta inédito, el flamante campeón del fútbol a nivel selecciones nacionales en este planeta Tierra y estampado su nombre el dichoso país vencedor en la base del trofeo de la FIFA World Cup.

Por Carlos G Suarez
Corresponsal de EL NIDO DEL CUCO en Washington DC

         Entramos a la recta final de la edición XXI de los mundiales, en esta versión desarrollada en Rusia 2018 y, no sin cierta tristeza por parte de este columnista, por cuanto parece que fue ayer nomás que la fiesta había comenzado y hoy ya casi escribimos de su epílogo. Pero es que así es la vida y así es el fútbol también.

   La tristeza porque en esos mágicos treinta días de cada cuatro años, en una tácita conciencia universal, todos los seres humanos entramos como en un trance hipnótico dentro de ese otro mundo con nombre propio: MUNDIAL DE FÚTBOL, y nos abstraemos del mundo real aunque se nos pudiera estar viniendo El fin de la historia y el último hombre, a saber de Francis Fukuyama.

   Quizás no habría que ser lo tan irrestrictamente apegado en términos de sociología política a lo anteriormente señalado por el escritor estadounidense de ancestro nipón en su tesis ensayística, allá por 1989. De repente, tampoco siquiera cabía el hecho de traer a cuento a filósofo alemán alguno y la pesadez de la metafísica volitiva. Nooo… ¡qué va!

   Este mundial de Rusia 2018 nos ha enrostrado la mayor alegría que el ser humano puede experimentar. Una alegría que conjuga la ansiedad, la esperanza y, por qué no, la tristeza en las lágrimas por el sueño roto, por el simple hecho de la contrafáctica humana. Hablar entonces de fútbol, como nunca, es hablar de la vida, porque la vida está hecha de emociones y se construye de pasiones y cuando esas pasiones van aparejadas de los colores de una bandera, de una tierra que lo vio nacer, del acervo, es decir, lo cultural en cada una de nuestras etnias, no tiene pago alguno en lo emotivo.

   Es una pérdida relativa en el tiempo el entrar en esta recta final al análisis deportivo. No porque no valga la pena sino, porque como alguna vez lo dijo el cronista argentino Don Enrique Macaya Márquez:Uno puede comentar y decir mil cosas de un partido de fútbol en la previa pero, al final de cuentas, son los jugadores, los veintidós y quizás el árbitro, quienes tendrán la última
palabra”. Creo que no le falta razón porque en este mundial, como nunca antes visto, se han roto paradigmas una y otra vez. Los campeones, los favoritos, los pesos pesados fueron cayendo uno tras de otro como en un juego de dominó, como en una torre de naipes.

   ¿Para qué hablar de la ´´Voluntad de poder´´ de Alemania cuando, días después, esos pequeños y muy afanosos surcoreanitos daban el batacazo mayúsculo sacando de carrera, hasta ese entonces, al campeón reinante? ¿Cómo entender que los mexicanos hicieron el partido de sus vidas contra los de Joachim Loew, para luego caer ante una discreta Suecia, y resignar la segunda casilla que los ponía frente a Brasil y su descontada eliminación?

   La narrativa del mundial, no obstante, daba para decirnos que, casi por las antípodas, Uruguay había avanzado a ritmo de entrenamiento y ya en octavos, desplazaba con cierta solvencia a la campeona de Europa, a la Portugal del metrosexual de CR7. La otra selección del Río de La Plata, Argentina: una escuadra con mucho nombre pero nada de fútbol, con un Messi que, obligado cual Atlas a cargarse el equipo a sus espaldas, escuálida en ideas y acéfala en DT -Sampaoli- extraviado en la ignorancia de su propio ego, lograba frente a Nigeria (para variar) un milagroso pase a octavos creo, sin ellos saber ni entender cómo, para esa instancia, convertirse en una presa más de la depredadora máquina artística de elaborar fútbol de Kylian Mbappé y compañía.

 

REALIDADES Y SUEÑOS

   La vida te enseña. Sí ¡y como no! tanto, que bien decía ese irreverente ensayista, poeta anarquista y librepensador peruano, Don Manuel González Prada, del último tercio del siglo XIX : ´´Los jóvenes a la lucha y los viejos a la tumba´´. Irán y Marruecos debieron tener mejor suerte: sólo dudosos cobros del entrometido VAR dieron una manito a la ralentizada España, que se matriculó en octavos y sin ser la sombra de la furia de aquel estandarte de la Gualda del ´50  y ni siquiera rastro del ex-exitoso tikitaka del 2010. El desembarco del DT Julen Lopetegui, horas previas del inicio de la competencia, les pasaría factura: a la península en vuelo directo tras caer frente a una local, aguerrida y sorprendente Rusia.

   Si el realismo mágico fuera tangible, se diría que Colombia podía y debía haber aprovechado tan fantástica ocasión para llegar a tentar su primer título mundial en la historia. Pero como el propio García Márquez sabía y definió bien eso del realismo mágico, por seguro que nos hubiera contado que Colombia no tenía quién le escribiera, porque su crónica (en el mundial) era la de una muerte anunciada y no por amor en tiempos del cólera sino por el excesivo respeto ante la tibieza de una Inglaterra ya en fase de octavos, donde el dramatismo de los once pasos sacó a los cafeteros de la liza mundialista.

   Los tiempos cambian es una frase casi de perogrullo. En estas épocas de tanto avance y artilugio hasta la estupidez humana, pero a todo y dentro de todo ello hay sociedades que han sabido hacer una re-ingeniería de sus colectividades. Han hecho una saludable introspección regenerativa, como producto de la asimilación de gentes venidas de otras latitudes, el debido acto de contrición, si cabe la expresión. Me apuro, a título y riesgo personal, en definir ello como ´´la revolución de los Flandes´´, en que tanto Francia como Bélgica asoman como los dos representativos que más gustaron, conquistaron y engalanaron.

   Francia, con una versión sólida, madura, entendedora del manejo de los tiempos dentro de las circunstancias del juego. Los abanderados de Didier Deschamps, supieron franquear (casualidades) a cuanto rival sudamericano se le topó al frente (Perú, Argentina, Uruguay). Con un jovencísimo Kylian Mbappé que, a modo de mariscal de campo y con todo el desparpajo para jugar como en un potrero de barrio, lleva a les bleus en los Lloris, Kanté, Pavard, Pogba, Griezmann, Giroud a los emblemáticos carasucias a paso de La Marsellesa rumbo a su segunda estrellita.

   Sus primos, los belgas, no se quedan atrás. No sólo ganaron con autoridad y mando su grupo en fase inicial sino que, además, en octavos demostraron la fortaleza mental para dar vuelta el marcador y, sobre la hora, sacar del sueño de opio en que vivía Japón (3-2) un equipo ordenadito y muy sincronizado (a veces hasta pareciendo un cuadro sudamericano) pero inexperto en saber matar los minutos y segundos finales de un match cerrado. Los diablos rojos de Bélgica, con la conducción del catalán Roberto Martínez, conformó una estupenda selección. Con jugadores cada cual en lo suyo, pero para el todo. Desde ese larguirucho de Courtois en el arco, pasando por Kompany en defensa, el mozuelo De Bruyne en la medular en comparsa con el espectacular Fellaini, al que le sobra tanto de look como del juego que desparrama y un delantero centro en Romelu Lukaku: una mole de 1.90 de altura y noventa kilos de ébano. Una pesadilla eterna para cualquier defensa, como la que sufrió el Scratch (1-2) en el juego por el pase a semifinales. Un negro hecho un demonio en el área, un pedazo de jugador como no se encuentra así nomás.

 

LOS ZABIVAKAS DE MR. PUTIN

   Este mundial tiene, aunque en breve será ya pasado, una mascota peculiar en el tal Zabivaka. Un lobito muy simpático que se hizo querer desde un primer momento. Al menos en lo personal, no guardaba tanta empatía con una mascota desde el lejano ´´Naranjito´´ de España ’82. Bueno, este escriba es peruano y me entenderán, supongo.

   Lo cierto es que en Zabivaka y de repente se transformaron una noche de Gorky los once rusos que salían a disputar su mundial. Era la hora de rebelarse a los infortunios previos a la Copa Mundial y así Dostoievsky les recordó que A veces conviene soñar. Soñaron tanto que jugaron a su modo, sin ser vistosos (o quizá si) y ganaron cuando tenían que ganar.
Tuvieron un mal paso con los charrúas pero siguieron en el camino. Los once Zabivakas de Rusia, a punta de ajos y cebollas y otras tantas recordadas a las autoras de sus días por parte del trainer, Stanislav Cherchésov, dan el golpe en la mesa y con el Zabivaka estrella de su selección, el gigantón ruso centro delantero de Artiom Dzyuba con la 22 en el dorsal, sacan a España de la jugada y se ponen entre los 8 mejores equipos del orbe.
   Ahí no queda la cosa pues, en otra noche de Gorky, enfrentando a los Croatas, escenificarán algo de Chéjov, en partido memorable. Una obra teatral, más tarde llevada a canción con ribetes de universalidad: El jardín de los Cerezos.  El lance en que los rusos enamoraron a todo el mundo. La tarde-noche en que todos fuimos ese niño en la tribuna, ese Zabivaka y cada uno de los once Zabivakas rusos que, tras la epopeya de partido en extrema definición, resignaron su pase. La noche que las lágrimas afloraron en el país más serio y frío del mundo.  ¡¿Quién no quiso, por Dios, que los rusos no fuesen uno de los cuatro semifinalistas ?!

   Entonces, convengamos que, así como la vida puede asemejarse al fútbol en tanto la tristeza y el dolor por lo que se pierde acaso en forma injusta, entonces, en el fútbol, bien debía ser castigada la soberbia. Porque hay veces en que el fútbol necesita ser en esencia eso: la inocencia del juego por definición, alejarse de lo humano y no parecerse en lo más mínimo a la vida.  Es cuando Brasil, el candidato de siempre, el de todos, el de las quinielas, del mundo y del más allá, se creyó campeón antes de pretender serlo. La verdeamarelha de un Neymar más proclive al arte dramático y de su DT Tite al que tal vez, por propia ensoñación de una eliminatoria conseguida en primera vuelta, se le olvidó el sosiego y manual básico del entrenador que siempre añorará Brasil: Telé Santana.

 

LOS DOS DE PERFIL BAJO… PERO ¡CUIDADO!

   Como quien no quiere la cosa, Croacia e Inglaterra se zamparon a la fase de semifinales tras superar a la madre Rusia y a los vikingos de Suecia, respectivamente. Sortearon sus grupos y las instancias precedentes, tal vez al amparo de menos reflectores sobre ellos y quizá (se verá luego) les favorezca. Ambos chocarán en una de las llaves, pero Croacia lo hace con un mayor desgaste por dos partidos consecutivos en alargue extremo. Inglaterra sólo uno y, aunque los Modric, Rakitic, Perisic y compañía puedan tener más fútbol, no es un dato menor el hecho de que bajaron al anfitrión de su mundial. De otra parte Inglaterra, con su crack 9 de moda, Harry Kane y el prolijo DT Gareth Southgate (todo un dandy del té de las cuatro de la tarde) tendrá que mostrar más de sí futbolísticamente y tiene cómo hacerlo. Pues, la afición rusa, dolida en su amor propio y el desaguisado que se traen desde hace rato en lo político, es lo último con lo que pudieran contar los de la insignia de los tres leones.

   Al final, los cuatro finalistas: FRANCIA, BÉLGICA, INGLATERRA y CROACIA, son los que más entereza mental han tenido, y eso importa. Personalmente, creo que los galos están a punto de caramelo y es una pena que tengan que lidiar con su par, Bélgica, en la previa y no en la finalísima del Domingo 15 de Julio. Aunque, según lo visto, tendríamos que callarnos y mejor no decir más nada. No vaya a ser que se nos caiga el último candidato y, con él, El fin de la historia y el último hombre.

 

Carlos G Suárez
Escritor y Periodista
http://twitter.com/@stiletto67

  

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