28/05/2018

Eugenio Raúl Zaffaroni: “Al chabón hay que convencerlo que lo tomaron por gil”

Eugenio Raúl Zaffaroni

(Buenos Aires, 7 de enero de 1940) es un juez, jurista, jurisconsulto, escribano y criminólogo argentino graduado de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1962, que obtuvo el doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales en la Universidad Nacional del Litoral en 1964. En el área doctrinaria se destacó por sus aportes a la teoría del delito desde la concepción finalista.

Fue juez penal, convencional constituyente de la Nación, legislador de la Ciudad de Buenos Aires e interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Entre 2003 y 2014 fue miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Desde 2016 se desempeña como miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El paro de subtes me llevó a tomar un colectivo que me dejó en cualquier lado, no pude evitar pensar en el conflicto, “por fin los metieron en cana”, dijo un tipo en un quiosco de diarios refiriéndose a los delegados y me dejó descorazonado, sin ganas. Hace algunas noches los muchachos de la revista me dijeron, “hace falta una entrevista, alguien que tenga alguna respuesta al desastre que estamos viviendo”. En Gavilan y Gaona decidí tomar algo, me acomodé en una mesa y el aroma del ambiente me llevó a pedir un café. Me detuve en un ocasional vecino, el hombre rodeaba el pocillo con sus manos, lo reconocí inmediatamente, Eugenio Raúl Zaffaroni. Poco a poco el aroma a café empezó a cambiar por el perfume del malvón, la cosa tiene que ver con otro tiempo, una galería, un niño, un tablero de ajedrez y un hombre que enseñaba. Berretines, puede ser, lo cierto es que el perfume a malvón me inspira a confiar, es como una rara asociación entre el aroma y mi intuición. Lo contrario me pasa con el jazmín, y sospecho que tiene que ver con la entrada sin permiso a un jardín, donde la pelota caprichosamente se había alojado en un arbusto de flores blancas, la patrona soltó los perros. Lo saludé con el cuaderno en la mano, le pedí disculpas por lo inoportuno que podía llegar a ser y le expliqué lo de la revista, el Dr., que olía a malvón me señaló la silla. Sin preámbulo le empecé a contar lo que me estaba pasando, cuando era pibe, dije a modo de confesión, los hijos de las maestras concurrían a la escuela pública, los pibes nunca tenían de maestra a su madre, sin embargo el hijo de la maestra tenía ciertas contemplaciones, a misma travesura distinta vara, a los demás mortales nos tocaba un destino incierto, convocatoria a nuestros padres, suspensiones… el hijo de la maestra recibía un “voy a hablar con tu madre”. La cuestión se nos ocurría injusta, como todo el mundo sabe, los niños tienen en la maestra su primer amor, nunca sabemos cuándo nos desamoramos, pero creo, que esas pequeñas injusticias pulverizaron el amor y la confianza. Después crecimos y se nos apareció una nueva maestra, “la justicia”, es evidente que esta maestra de los adultos tiene hijos que son tratados de manera diferente, los habitantes de las cárceles, por abrumadora mayoría son pobres. ¿Los grandes males de Argentina se solucionan encarcelando pobres?

            No, pero en todo el mundo funciona así, no hay cárceles llenas de ricos. Esto no es porque los pobres delinquen más, sino porque son más brutos, para decirlo claro, no saben fundar un banco, organizar una offshore, no están entrenados para volverse ministros de Macri y a la vez accionistas de las empresas o transnacionales que benefician, es decir, hay lo que un criminólogo norteamericano clásico, conservador se podría decir, hace como cincuenta años llamo la “formación diferencial”, o sea, que en una villa no se aprenden esas cosas.

Por eso, el pobre que quiere delinquir comete acciones más torpes y que, más claramente, más manifiestamente, son reconocidas por las víctimas. Vos te das cuenta de que un primitivo te rompió el vidrio del autito para sacarte la mochila que llevás al lado, pero tal vez no te diste cuenta tan rápido de que endeudando al país te iban a dejar tu guita en el corralito o en el corralón, mientras “legalmente” un montón de vivos cobraban comisiones astronómicas para tramitar esos contratos de préstamo.

No hay nada que hacerle: cuando alguien se larga al delito, pobre o rico, sólo lo puede hacer conforme a su “knowhow” y, el que sólo sabe –o cree que sabe- cómo robar un banco, no sabe cómo fundarlo y fundirlo. Y el que cree que sabe cómo robarlo, en el fondo es un “chabón”, por cierto.

            Pero el problema es que el poder de los que tienen el “knowhow” de los grandes delincuentes, necesita de los “chabones”, porque cuantos más “chabones” haya, más se legitima ante los ojos de la población victimizada por esos actos evidentes, para montar un aparato represivo que, como siempre, sirve para controlarnos a todos para que banquemos los efectos de los delitos de los más poderosos.

El ciudadano de a pie, posiblemente el pacífico viejito que está en esa otra mesa, esté de acuerdo en esa represión al estilo Patricia, porque no se da cuenta que es funcional para los que le reducen su jubilación y no les dan los medicamentos que necesita. Por eso es que las cárceles se llenan de “chabones”, porque los reproducen.

            No tengo dudas ni nadie puede tenerlas, que los hijos de puta que matan, violan o hacen otras cosas parecidas deben ir a la cárcel, no existe otra solución en el mundo, los crímenes graves no podés hacer otra cosa que responderlos con prisión. Esa regla no la viola ningún país del mundo. Pero con los “chabones” de delincuencia de gravedad media y menor hay que tener cuidado, porque la cárcel los reproduce, los “fabrica”, el que entra porque “afanó”, sale sin decir “yo robé”, sino diciendo “yo soy ladrón”, y allí está la reproducción, que es funcional para los que tienen el poder real, es decir, para los que cometen los delitos económicos masivos, que hace unos años un famoso penalista alemán los llamó “delitos económico-políticos, porque joden masivamente a toda la población de uno o más países, como la estafa sideral del 2008, encubierta piadosamente bajo el nombre de “crisis”. 

El Nido del Cuco. ¿Habría que hacer otra cosa con esos “chabones”?

Sí, obviamente, no se trata de acariciarlos, sino de evitar la reproducción de “chabones”. Fijate que hay países que tienen muy alto índice de prisionización, como Rusia o Estados Unidos, y junto a ellos, pasando su frontera apenas, hay otros que tienen los más bajos del mundo, como Canadá o Finlandia. ¿Los canadienses o los fineses están locos acaso, sus asesinos y violadores andan por la calle alegremente? No, de ninguna manera, sólo que operan de modo diferente sobre esa faja de gravedad media y menor, no reproducen “chabones”.

Al “chabón” hay que convencerlo que lo toman por gil, que no es el piola de la película, sino el boludo que pone la cara al instrumento de control social de los chorros en serio y en grande, de los que manejan otro “knowhow” del que él no tiene la menor idea, en un mundo que ni se imagina.

Por otra parte, te advierto que la prisionización aumenta o disminuye no por lo que diga el código penal, porque no son las penas más altas lo que necesariamente aumenta el número de presos. Sacátelo de la cabeza: el número de presos aumenta por el código procesal, porque la mayoría de los presos de América Latina no están condenados, sino sólo en prisión preventiva, que es una pena anticipada cuya legitimación es algo así como el cuadrado del círculo para mis colegas procesalistas.

Los jueces no quieren excarcelar, porque tienen miedo al linchamiento mediático, no sea que suelten a alguien que se mandó un hurto y cuando llega a la casa mate al vecino. No son sólo los políticos quienes tienen miedo a los medios audiovisuales monopólicos al servicio de los poderes reales en la Argentina, los jueces también y con más razón todavía, porque son más indefensos. No son muchos los que se bancan que les repitan el cuento de que un auto estacionado es una cosa perdida, cuando lo que dije fue que un auto robado está perdido para el dueño, lo que a cualquiera le parece evidente, menos a aquel maestro de los tristes ventrílocuos actuales, de triste memoria, que se llamó Neustadt, o que un delito sexual sin luz es menos grave, cuando nunca lo dije yo, sino un colega en otro voto, pero difundido por alguien que apenas zafó acusado de vender “bonos de honestidad”, o de que quiero largar a todos los presos, inventado por algún juez “duro” que terminó preso por coimero. Hay que tener la piel gruesa para bancar esas cosas, estar muy seguro de uno mismo, y eso no se le puede exigir a todos. Se explica el miedo, no es para menos, la mayoría son funcionarios que están muy solos, muy indefensos y que, además, no saben cómo manejarse con los medios, cuando lo hacen hablan en “dialecto”, dan pena. Por supuesto, no me estoy refiriendo a conductas más o menos patológicas, sino a la generalidad de los jueces.  

El Nido del Cuco.- Uno, que toma trenes, anda colgado de los colectivos y no puede dejar de pensar que probablemente a fin de mes no va a poder pagar la luz, tiene muy pocas certezas, por no decir ninguna, casi todos los diarios, casi todas las radios, casi todos los canales de tv, mienten sin pudor, inventan noticias, muchas veces en complicidad con la justicia. Se puede hacer algo o los de este lado estamos condenados a jugar con el arquero desmayado.

            La construcción de la realidad por los medios es muy fuerte porque siempre vivimos una realidad que nos construyen los medios. Ni vos ni yo sabemos lo que sucede en Siria, y tal vez tampoco lo que pasa ahora en Caballito, nos enteramos por los medios. El gobierno actual sabe muy bien esto, por eso está tratando de cerrar todos los agujeros por los que se puede debilitar la fuerte construcción de realidad del monopolio mediático que lo sostiene, obvian las anécdotas, el caso más claro es el de Víctor Hugo Morales, por no hablar de los dueños de un canal presos, “preventivos”, claro.

Pero la dictadura tenía un control mediático mucho más fuerte, porque ni siquiera la tecnología permitía el acceso del común de las personas a medios extranjeros. Sin embargo, un día se quedaron sin dólares y, para distraer la atención y achacarle la culpa a alguna otra cosa, hicieron el mortífero papelón de Malvinas, causaron muertes con esa insensatez y tuvieron que irse, sin el apoyo siquiera de quienes los habían sostenido desde el poder mundial del momento. En definitiva, no se fueron porque hicieron desaparecer a 30.000 personas, eso se difundió después, se fueron porque quebraron financieramente.

“La única verdad es la realidad”, dijo el General, y tenía razón, porque cada proceso político tiene una realidad, y un proceso que se basa en endeudamiento, en hipotecar el país, también tiene su realidad, que aflora cuando se acaba el crédito, cuando nadie le presta más. Si tienen que mendigar al FMI es porque no tienen otra fuente de crédito. Y aún así. ¿Te acordás lo que pasó en 2001? El FMI les largó unos dólares y el capital “golondrina” los compró rápidamente y se los llevó. Esta es la realidad, la única verdad. Se viene, inevitablemente. Allí no sólo se despierta el arquero sino también el “referee” y saltan todas las tarjetas rojas y las nulidades de las jugadas. Esperemos únicamente que no se les ocurra otra maniobra demencial final, otra “guerra”, otro estado de sitio como el de Mathov o cualquier otro disparate letal por el estilo.

E.N.D.C.- La investigación administrativa “Papel Prensa la Verdad”, realizada por la Secretaría de Comercio Interior, Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, Presidencia de la Nación, fue presentada en agosto de 2010. Después de leer las 218 páginas del documento, resulta inexplicable que los actuales dueños de Papel Prensa no estén presos. Sin embargo no es eso lo más impresionante, la Sra. Lidia Papaleo de Graiver en televisión abierta narró en qué situación se encontraba cuando se la obligó a firmar bajo amenaza de muerte para ella y su hija. Que pasó Dr. ¿Cómo es posible que estos tipos zafen después de haber perpetrado semejante barbaridad?

            Hay muchas cosas por aclarar en el futuro, no sólo tan lejanas, sino recientes. Fijate que hay miles de denuncias contra funcionarios que, por cierto, no avanzan en la justicia, pero que se guardan, tampoco se cierran. Son bombas de tiempo, no lo dudo. Hay un sector de la justicia, especialmente federal, que parece dispuesto a responder a todos los deseos del actual oficialismo, pero es reducido, pensá que en el país hay como 4.000 jueces. El oficialismo no repara en medios para presionar a los pocos presionables y lo consigue. Hay otros dentro de esa minoría que quizá tienen expectativas de ascenso, como los hubo durante la dictadura, sin darse cuenta algunos de que están truncando sus propias posibilidades. Pero te insisto, es una minoría que no representa a la totalidad, lo que no parece ser muy explicable, porque si la mayoría no es así, cómo puede suceder que esa minoría se imponga.

            La explicación es que el judicial no se mueve por mayoría y minoría, sino que es una estructura verticalizada que, desde la pobre Constitución que tenemos, que es un desastre, está programada en forma que si alguien controla la manija arruina todo.

No hay en el mundo democrático, ningún país que tenga constitucionalmente programado su Poder Judicial en la forma insólita y absurda en que lo tenemos nosotros. En un futuro amanecer de la democracia y de las fuerzas populares en la Argentina, tendremos que pensar urgentemente en el Estado y promover una discusión política, un nuevo proyecto de Estado y, por ende, una nueva Constitución, porque la que tenemos no sirve para este momento del mundo.  

E.N.D.C.- El caso Milagro Sala tiene opiniones divididas, muchos creemos que es una presa política y la cuestión tiene que ver con una acciónejemplificadora para todos aquellos que pretendan sostener que desde lo popular hay otra manera de construir, y los otros, los que la condenan por su origen, por su color de piel, por su militancia y sostienen que es corrupta sin prueba alguna. No hay Gobernador, Intendente, Senador o Diputado que pueda exhibir la obra que llevo adelante la agrupación que dirigía Milagro Sala, casi 8.000 viviendas populares con su entorno a un costo que difiere de manera notable con los precios del mercado. ¿Es eso lo que se está juzgando?

            Sí, no me cabe la más mínima duda. Milagro sufre una discriminación múltiple: mujer, morena, india, pobre y, además dirigente comunitaria que muestra cómo se pueden organizar los pobres y hacer cosas, es demasiado para el “medio pelo” de su sociedad, ampliamente representado por su gobernador y toda su familia de funcionarios y sus dos diputados convertidos de urgencia en jueces superiores. Si las instituciones funcionasen, es obvio que la provincia de Jujuy debería ser intervenida, por no garantizar el sistema republicano, pero no funcionan.

Vuelvo a lo anterior: tenemos un Estado mal programado, frente a los colonizadores y sus nuevos virreyes somos institucionalmente vulnerables, nuestra democracia se debilita, nuestro estado de derecho hace agua por todos lados, nuestra soberanía puede ser entregada por la voluntad de un único funcionario, se hipoteca la Nación y se degrada la calidad de vida de los habitantes impunemente. Milagro y todos nuestros presos políticos son víctimas de esta falla fundamental.

E.N.D.C.- Hay guaridas fiscales para el dinero y también hay guaridas para guardar los papeles que documentan esas operaciones, parece una afirmación temeraria, sin embargo no puedo dejar de pensar en el incendio de Iron Mountain donde murieron diez servidores públicos. Se ha comprobado que el siniestro fue intencional. Los que desconocemos los vericuetos procesales de la justicia nos preguntamos: ¿Cómo puede ser que los responsables no estén presos?, Como puede ser Dr.

            Fallas institucionales básicas, una Constitución, o sea, un proyecto de Estado del siglo XIX remendado de apuro en 1994 no funciona y permite, en primer lugar que haya monopolio mediático y, por ende, que un gobierno como el actual llegue al poder, pero además, que quien llega al poder extorsione a los gobernadores con no mandarles dinero, que a través de eso consiga que los legisladores voten lo que quiere y que le presten acuerdo a los jueces que quiere, que por sí y ante sí pueda endeudar al país como nunca antes en la historia, que encarcelen al candidato a vicepresidente, al ex–vicepresidente, a varios ex-ministros, a uno le impidan tratarse su enfermedad, a Milagro y sus compañeros, que los muestren ante millones de espectadores en pijama y descalzos, que los disfracen con chalecos y cascos y los exhiban en la picota. Podría seguir. ¿Qué más podemos pretender para convencernos de que tenemos un Estado mal programado? ¿Hay muchos Estados tan indefensos frente a poderes mundiales tan fuertes como es el totalitarismo financiero que está cundiendo con el falso nombre de “neoliberalismo”?

E.N.D.C.: El Juez Thomas Griesa, de Nueva York hizo una extravagante interpretación de la cláusula paripassu para beneficiar a los fondos buitres que estaban en litigio con Argentina. Fue como una señal, desde ahí pasaron cosas que parecían inadmisibles en la región, un Juez encarceló un ex Presidente porque sentía que había delinquido en Brasil,  en Argentina la prisión preventiva es usada solo con opositores, también de una manera extravagante. ¿El poder judicial tiene anticuerpos para combatir estos brotes?, ¿El cambio que necesita el Poder Judicial trasciende sus filas y se debe involucrar en propuestas políticas?

            El problema lo debe resolver la política, no los jueces. Los jueces no van a decidir acerca de la estructura constitucional del judicial ni les corresponde y allí está la clave del problema. Necesitamos una nueva Constitución, con un Tribunal Constitucional en serio, como los modelos de casi toda Europa y de algunos países latinoamericanos, necesitamos una casación nacional que unifique los criterios interpretativos, todo eso lo tiene que hacer la política, ni siquiera los juristas, que deben ser llamados para “embotellar bien” estas decisiones de la política. Tenemos que ser un país en serio y no un caos, como el que genera la actual estructura judicial.

¿Acaso sirve de algo nuestro control de constitucionalidad? Para nada: la ley inconstitucional sigue vigente, sólo la ley no se aplica al caso concreto, cada juez sigue opinando lo que quiere al respecto y la misma Corte puede cambiar de criterio cuando le da la gana. Mirá el espejo de lo sucedido con la ley de medios. Además, hay cinco personas en la Argentina, habilitadas para revisar las sentencias de todo el país en cualquier materia, cuando se les da la gana, como si fuesen los sabios omniscientes jurídicos y, además, sin que los habilite a eso la Constitución ni nadie, sólo por creación de la propia Corte compuesta por jueces que se murieron hace décadas. Por si esto fuese poco, tenemos códigos únicos con 25 posibles interpretaciones diferentes, de modo que de un lado de un puente su sujeto puede ser un delincuente y del otro lado recibir un premio, todo por la misma conducta y bajo la misma ley. ¿Todo esto no es un caos? ¿Este es el país serio que debe garantizar seguridad? Seguridad es previsibilidad de lo que los jueces decidan. ¿En este caos alguien puede predecir algo? Fijate que las respuestas de los abogados en la Argentina siempre son del tipo de “lo vamos a intentar”, “vamos a hacer todo lo posible”, “ceo que nos va a ir bien”, etc. ¿Por qué? Porque ningún abogado está seguro de lo que le responderán los jueces y, a medida que más vinculada con los intereses de los poderes fácticos está la cuestión, menos seguro está. 

E.N.D.C.-  Se están asumiendo compromisos que tienen el perfil de incumplibles. La deuda contraída en estos más de dos años parece ser un karma para varias generaciones, como si fuera poco aparece el FMI. Es habitual apelar a la esperanza, desoyendo el significado que tiene la palabra la cuál remite casi a un milagro, donde dejamos en manos ajenas nuestro destino. Cuando hay previsibilidad de lo que viene, solo es espera. ¿La justicia tiene algo que decir cuando un gobierno hipoteca el País, o es un hecho político donde hay que esperar a ver qué pasa?

            Ya te dije lo que sucede y por qué sucede. Un día habrá que investigar esa conducta como eventuales hechos de administración fraudulenta en concurso real conforme al inciso 7º del artículo 173 del código penal. Si alguien que administra los bienes de un incapaz y los hipoteca abusivamente es procesado y penado, creo que lo mismo sucederá cuando lo hace alguien que administra el patrimonio de todos los millones de argentinos. Igual no se prescribe, porque como la comisión es en cadena, cada nuevo hecho interrumpe la prescripción del anterior.

E.N.D.C.- Los hombres y mujeres de este País; Deben esperar un cambio, deben apelar a la esperanza, o deben entender que son los artífices de su propio destino.

No soy quién para dar consejos ni indicaciones, pero te puedo decir que los pueblos nunca se quedan quietos, que la víctima de cualquier estafa reacciona con mucha bronca y que, lamentablemente, debemos reconocer, en especial en esta ciudad, que es fácil recrear el “medio pelo”. Quizá en toda sociedad las clases hegemónicas necesitan inventar una clase de “parias” para hacer que todos los demás se sientan superiores a alguien, pero eso aquí se nota mucho más o, por lo menos, lo siento así por estar inmerso en este medio.

Aquí, en particular en esta ciudad, es muy fácil hacerle pensar a alguien esas estupideces.No es una caricatura: “No tengo nada que ver con esos negros, son brutos, sucios y delincuentes, vagos que no quieren trabajar, chicas que se embarazan para cobrar, bestias que levantan el piso de parquet para hacer asado, y todavía pretenden sacarnos lo que tenemos los que lo ganamos con nuestro trabajo y esfuerzo individual, para dárselo a esos inmundos, concupiscentes, inmorales, que venga quien venga, pero a estos populistas que los favorecen hay que meterlos presos”. Lo único que puedo decirte es que, en la medida en que tengamos muchos o muchas que sigan pensando así, vamos a tener muchos problemas como Nación. 

Agradecí largamente al Dr. Y me fui por Gaona a contramano, doble en la esquina y dos cuarentonas vestidas con equipo de gimnasia se aferraron al celular cuando pasé. En la calle Boyacá no rueda la luna, ni te sale a saludar la gente linda. Me quedé pensando en la espera y la esperanza, fue en ese momento cuando sentí un aroma familiar. Me puse medio melón en la cabeza, bajé el cierre de la campera para que se vean las rayas de la camisa pintadas en mi piel, apreté con el brazo el cuaderno y empecé a cantar un tango desafiando al fuerte olor a jazmín. 

  

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