09/05/2018

LA REVOLUCION DE LA ALEGRÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

Por ALEJANDRO PASCOLINI   

¿Que opinaría Spinoza si viviera en esta Argentina donde el mensaje gobernante obliga a “poner el hombro” y a “hacer sacrificios” abandonando la idea de que por pertenecer a la clase trabajadora se puede tener alguna alegría, alguna dignidad, en este presente? ¿Qué sería una “Revolución de la Alegría” fuera del hipnotismo ideológico de una promesa de compaña?

Gilles Deleuze en su obra “En medio de Spinoza” recopila una serie de clases que dictó sobre la obra de Baruch Spinoza, filósofo holandés del siglo XVII.

Para el decir de Deleuze, Spinoza, en su obra “La ética” investigaba de qué se trataba el ser de las cosas, cuál era la esencia de cada manifestación de la realidad (hombre, roca, animal, dios, etc.)

Llega entonces a una conclusión revolucionaria para la época: todo ser es igual de ser que otro y, lo más importante y subversivo, el ser del hombre y el ser de dios no difieren.

Por supuesto, estas aseveraciones le valieron a Baruch la excomunión de su comunidad religiosa (judaiísmo) y persecuciones políticas varias durante el resto de su vida, ya que si todo se ubica en “igualdad de ser” no puede establecerse una escala entre lo que se es y lo que se debe ser, concepción que subvierte una jerarquía sostenida, resguardada y aplicada porquienes regulaban el poder social (obispos y tiranos)

En este sentido, señalaba que quienes dictaminaban en nombre de un “ser superior a lo que es” qué se debía hacer para alcanzar una existencia digna, en realidad llevaban a cabo maniobras de control y sometimiento al pueblo, culpándolo y entristeciéndolo por no alcanzar un ideal metafísico.

Entonces, denunciaba que la tristeza era el sentimiento que nacía por creer que se está en falta con respecto a una moral dictaminada por los tiranos de turno.

Por el contrario, la alegría y, especialmente, algo que esta mas allá de la alegría y que el llamaba “beatitud” es haber logrado liberarse de todo sentimiento vinculado a la culpa y la tristeza que nos quieren hacer sentir los poderosos para dominarnos.

Una maniobra afín al sometimiento y entristecimiento del pueblo es la espera: hacer esperar por esa alegría tan preciada porque ahora no se es merecedor de ella es una de las herramientas fundamentales para la disminución de la potencia social y la manipulación de las poblaciones. Mientras se espera la alegría, no se está alegre, se sufre una tristeza ordenada según los tiempos convenientes para quienes quieren doblegarnos.

¿Que opinariía Spinoza si viviera en esta Argentina donde el mensaje gobernante obliga a “poner el hombro” y a “hacer sacrificios” abandonando la idea de que por pertenecer a la clase trabajadora se puede tener alguna alegría, alguna dignidad, en este presente?

Si la alegría, según el estudio que realiza Deleuze sobre la obra de Spinoza, es un aumento de la potencia para crear más alegría y más felicidad, la verdadera revolución de la alegría consistirá entonces en desenmascarar y destituir del poder a los que en nombre de ella quieren entristecernos, haciéndonos esperar eternamente por lo que en realidad nos pertenece.

  

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